miércoles, 18 de abril de 2012

El Fairlane, un gran elegante


La serenidad espacial era el slogan para presentar el nuevo Ford Fairlane en el mercado argentino. En 1969 con la llegada del hombre a la luna hubo muchas publicidades que hicieron mención del espacio. La gente de Ford Motor Argentina no fue la excepción, para presentar a su auto grande de lujo.

Folleto publicitario de 1969, aparecido en revistas de la época.

El Ford Fairlane llegó en 1969 con tres modelos: Fairlane, Fairlane 500 y Fairlane LTD. El Fairlane fue el primer auto nacional fabricado con motor de 8 cilindros en V. Usaba el V8 de 292 pulgadas cúbicas, el que venía en las F-100, con 185 HP de potencia. También en junio de 1969 se le colocó el motor I6-221 de 7 bancadas. El motor que años más tarde usaría el Ford Falcon Sprint.

De izquierda a derecha: Fairlane LTD, Fairlane 500 y Fairlane LTD.

El Fairlane vino a un nicho de mercado de autos de lujo donde Ford Motor Argentina no tenía ningún modelo de esa gama. El Rambler Ambassador y el Valiant IV Coronado serían sus competidores. Un auto para ejecutivos o grandes empresarios.

Pese a ser un auto caro no tenía frenos a disco, ni levanta vidrios eléctricos. Tampoco existía la opción a aire acondicionado o caja automática. Sí, venía en forma opcional la dirección hidráulica, el techo vinílico, pintura de dos tonos, cristales totalizados o tazas de ruedas con rayos.

Fairlane LTD con tazas de rayos opcionales.

Lo que sí hay que destacar es la serenidad espacial. Era el único auto del mercado, a fines de los ’60, que no tenía ruidos a altas velocidades, en especial con el motor V8-292. La rumorosidad por encima de 100 kilómetros por hora era frecuente en los autos argentinos. No era este caso que estaba muy bien insonorizado el habitáculo. Me imagino que las versiones posteriores con aire acondicionado esto habría mejorado notablemente.

Fairlane 500.

Mi padre tuvo uno usado. Un Fairlane 5oo blanco con techo vinílico. Manejarlo en la calle era como andar en una lancha. Se perdía la noción de donde terminaba la trompa. Estaba equipado con el motor I6-221 así que no gastaba mucho. El problema era entrarlo al garaje que era estrecho y las defensas tocaban las paredes laterales.

El tipo que se lo compró a mi padre lo iba a usar para hacer casamientos porque realmente estaba en muy buenas condiciones de pintura y tapizado. Tenía poco uso y no recuerdo si mi padre era el segundo o el tercer dueño.

Fairlane 500.

Cuando vivía en Recoleta, en la ciudad de Buenos Aires, uno de los propietarios del edificio me había dicho que el Fairlane con el V8-292 gastaba menos combustible, en ruta, que el motor de 6 cilindros. El lo usaba para viajes en ruta y aseguraba que el andar era excepcional para la época. En cambio cuando tuvo uno de 6 cilindros los valores de consumo se habían elevado.

Además ese motor V8-292 tenemos que recordar que se lo montaban a la camioneta F-100, así que su potencia en el auto era mucho más que la requerida por el vehículo.

Interior del Fairlane.

Todavía hoy es posible ver algún modelo al que le han puesto tubos de GNC (Gas Natural Comprimido) para usarlo todos los días. Baúl tiene para colocarle dos tubos y sobra espacio. En aquellos años los baúles era casi la mitad del auto. No por nada podía entrar una bicicleta.

El agradecimiento de siempre para Julián Pérez que me ayuda en la digitalización de las imágenes que acompañan esta nota.

Mauricio Uldane
Editor de Archivo de autos