Lenguaje claro

sábado, 1 de julio de 2017

Moto Honda y tráiler

Creo que conozco la marca japonesa Honda primero por las motocicletas que por los automóviles. Justamente este tráiler de Matchbox, con una motocicleta de carrera Honda, es el culpable de eso, al menos eso creo. Además este es el primer tráiler que les muestro de mis “autitos de colección” de mi infancia.



Por esas cosas de la vida tengo dos piezas iguales en mis amados Matchbox, tengo dos tráilers Honda con sus respectivas motos de carrera. Hay alguna otra pieza del catálogo de Lesney Products & Co. Ltd, también repetida, pero será otra nota de esta sección llamada “Garaje Miniatura”.


El primer tráiler con la moto Honda llegó a mis manos desde la Librería San Agustín, que estaba a la vuelta de mi casa en la misma manzana. Justo al lado de la estación de servicio Esso de la esquina de Avenida Las Heras y Galileo en el porteño barrio de Recoleta. El lugar de mi infancia.


El otro tráiler me lo regalaron, creo, para un cumpleaños un familiar que no recuerdo. Y no llegó vía la Librería San Agustín. Pero todo en la vida tiene su compensación. La moto Honda que tenía había perdido la pata plástica de apoyo. Por lo cual la pieza está incompleta, pero no por eso en mal estado.


Como tampoco está dañada la pieza que hoy les muestro. Todo lo contrario está en muy buen estado pese a tener unos 50 años conmigo. O tal vez un poco más. Han pasado tantos años que no recuerdo con exactitud. Sepan disculpar, ustedes lectores.


Lo cierto que esta moto Honda siempre me llamó la atención. Esas motocicletas de carrera tenían cierto encanto, que no logro terminar de descifrar. Pese a que las motos nunca fueron lo que más me llamara la atención de chico.


Pero esta Honda y su tráiler de color amarillo siempre me gustaron. Será porque eran de competición, tanto el tráiler como la moto. No lo sé pero era una pieza que llamaba a jugar. Sobre la mesa libro de formica blanca del comedor de mi casa.


Donde la colcha de planchar, robaba del bajo mesada, era el escenario perfecto para desarrollar juegos e imaginación. Los Matchbox de mi infancia eran los personajes de esas historias que salían de mi cabeza. Puedo escuchar el rugir del motor de la Honda instantes antes de salir a la pista de carrera.


Hasta puedo ver la tribuna llena de gente alentando al piloto antes de la largada de la carrera. Banderas agitándose y gente saludando a los gritos. En los boxes las últimas órdenes del equipo Honda antes del banderazo a cuadros.


Como ven todavía los Matchbox de aquellos años pasados siguen llamando a la imaginación que se apodera de las palabras, en este caso. Todo es cuestión de sintonizar el canal adecuado y por arte de magia todo aparece nuevamente. Tan vívido como me pasaba con 7 años en un séptimo piso del edificio ubicado en Copérnico y Galileo.


Veo esas imágenes y por un momento dejaría todo para sacar la Honda del tráiler y hacerla correr sobre la mesa de casa. Claro que ahora no es de formica blanca con manchas negras, sino de madera y que hiciera con sus manos mi abuelo paterno.


Otros tiempos pero el espíritu juguetón aflora rápidamente y eso que los años ya los trajo el almanaque para quedarse definitivamente de este lado. Pero todo el tiempo pasado no fue en vano, todo lo contrario. De no ser así no podría escribir estas notas de “Garaje Miniatura”.


Lo vivido y sentido con esos Matchbox, que no eran otra cosa que juguetes, es que les puedo transmitir estas sensaciones. Sensaciones que retornan cada vez que me siento frente al teclado de mi computadora, sábado tras sábado. Sabía que los Matchbox del pasado removerían recuerdos en muchos lectores.


Me he preguntado más de una vez si los que crearon los Matchbox tenían idea de los sentimientos que despertarían en los que fuimos niños entre los años sesenta y setenta. Y hablo de lo que me tocó vivir. Porque antes y después creo que fue lo mismo.


Si no fuera así no habría tantos coleccionistas de Matchbox en todo el mundo. Algo en lo más profundo de nuestra mente quedó grabado a fuego con estos diminutos autos. Tanto como para que los guardara por más de 50 años en sus cajas de cartón originales.


Ahora gracias al “Garaje Miniatura” es que les muestro estas piezas de mi infancia y de cómo las preservé del paso del tiempo. Y eso que no soy un coleccionista. Simplemente las guardé como un tesoro de mi infancia. Sin saberlo también fueron los responsables del aprendizaje sobre el mundo del automóvil.


Este fue el primer tráiler que les muestro de los que tengo entre mis “autitos de colección” de la infancia. Vendrán otros, no muchos, pero sí para atestiguar que existieron y justificaron los enganches de remolques de muchas piezas del catálogo de Matchbox.


Para los que tengan ganas de ver todos los “autitos de colección” del “Garaje Miniatura”, les dejo el enlace con la página donde están todas las notas publicadas hasta la fecha:

Mauricio Uldane
Editor de Archivo de autos 

Archivo de autos tiene Internet propia financiada por sus seguidores y por publicidad en este blog.