jueves, 28 de mayo de 2020

La Jamais Contente, un auto eléctrico récord

Tal vez no todos los lectores fierreros sepan que el primer automóvil en superar la barra de los 100 kilómetros por hora fue movido por un motor eléctrico. Así fue como La Jamais Contente (La nunca satisfecha) logró el récord en el año 1899. En esta nota podrán conocer parte de esa historia.
 
La Jamais Contente en una muestra retrospectiva del año 1907.

La nota viene a cuento por una vieja fotografía que me encontré buscando material para publicar en esta sección, llamada “Auto Antiguo”. Fue así que me topé con una imagen de una edición del Salón del Automóvil de París, en Francia. En dicha ocasión se realizaba una muestra retrospectiva.

Lo cual demuestra que nada es tan novedoso como parece, ya que en el año 1907 se estaban celebrando los primeros 10 años de la muestra inicial de los salones del automóvil, en el Grand Palais, de París. En esa imagen, entre otros “carruajes sin caballos”, como se los llamaba originalmente a los automóviles, está La Jamais Contente.

Un particular auto eléctrico con una forma de cigarro enorme, o un tubo metálico con trompa y cola en forma de cono. Una forma aerodinámica, y completamente fuera de lo común, para el final del siglo XIX. Pero lo más llamativo fue que este particularismo auto eléctrico se alzó con el récord en superar la barra de los 100 kilómetros por hora.

Vale la pena viajar en el tiempo para saber lo que se pensaba de superar esa velocidad. Para eso hay que ubicarse en espacio y tiempo, antes de hacer cualquier comentario. Durante muchos siglos los carruajes tirados por caballos tuvieron velocidades muy bajas, las que podían permitir la cantidad de animales que arrastraban esos vehículos.

Incluso hasta los médicos auguraban problemas de salud al superar esa velocidad tabú, por así llamarla. Desde que los ojos de los pasajeros se solidificarían, hasta que el cuerpo humano no soportaría la velocidad. También la religión tuvo algo para decir y predecir un rayo mortífero enviando por Dios.

Como ven no era nada fácil estar en los zapatos del piloto del vehículo que superara los 100 kilómetros por hora. Todos estos argumentos, a más de un lector, les esbozarán una sonrisa. Pero, insisto, hay que ubicarse a finales del siglo XIX en un país europeo.

Existía una rivalidad en las pistas, y por lograr récords, de dos pilotos. Ellos eran el conde francés Gaston Chasseluop-Laubat y el belga Camilla Jenatzy. Pero en el medio de ambos estaba otro francés, Charles Jeantaud, constructor de autos eléctricos en su país natal.

Jeantaud participó con un auto eléctrico, construido por él, en la carrera París-Burdeos-París en el año 1895, esta fue la segunda carrera de autos del mundo. La primera se disputó uniendo las ciudades francesas de París y Ruan (Rouen) en el año 1894. Pero Jeantaud no llegó a tiempo en la construcción de su auto eléctrico.

Pero sí en la carrera del año siguiente donde demostró la fiabilidad de un auto eléctrico, claro, si tenía baterías cargadas cada 40 a 45 kilómetros. La autonomía de su modelo era de 60 kilómetros. Los mecánicos en las estaciones de recambio podían reemplazar las baterías en 10 minutos. Este sistema de postas eléctricas se usó en algunas ciudades europeas para los taxis eléctricos. Una especie de estación de servicio eléctrica, donde no se recargaba la batería, sino que se la cambiaba por una con carga completa.

Jeantaud fabricó autos eléctricos para el conde Gaston Chasseloup-Laubat que corría carreras. Justamente con uno de esos autos eléctricos logró el récord del kilómetro lanzado al alcanzar los 63,158 kilómetros por hora. Eso fue en el año 1898. En ese mismo año el belga Camille Jenatzy ganó una carrera con un auto eléctrico en el circuito de Chanteloup y fue una verdadera sorpresa.

Ya que Jenatzy se aventajó en 10 segundos a los autos con motores a nafta, o de combustión interna. El belga construía sus propios autos eléctricos y a partir de este momento se establece una rivalidad con el conde Chasseloup-Laubat. Siempre realizaban ese duelo automovilístico, por lograr ser nombrado el hombre más rápido del mundo, en el mismo lugar.

En algunas disputas ganaba el conde, que siempre corría con autos de la marca Jeantaud, otras veces ganada el piloto belga con autos eléctricos construidos por él mismo. Así en esa disputa pasaron los 70 kilómetros por hora y se acercaron a los 80 kilómetros por hora. Les recuerdo a los lectores que estamos ubicados en la última década del siglo XIX y el auto movido por un motor a nafta estaba en pleno desarrollo.

Buscando mejorar las prestaciones de los autos eléctricos que fabricaba el francés Charles Jeantaud, para el conde Gaston Chasseloup-Laubat, recubrió el vehículo con planchas de acero lisas y también cubrió la parte inferior. La carrocería en su parte delantera era de forma coniforme. La aerodinamia no era un tema abordado por la industria automotriz europea en ese momento histórico.

El conde con ese auto eléctrico alcanzó los 93,724 kilómetros por hora en marzo de 1899. Esto casi lo daba por ganador con la disputa que mantenía con el belga Jenatzy. Pero el piloto envió un aviso, desde Bélgica, que no se rendía y que tendría listo un auto eléctrico, con un nuevo equipamiento, para batir el récord de velocidad del conde francés.

Así fue como construyó un auto eléctrico con dos motores de la marca Fulmen, ambos, ubicados en la parte trasera. De esta forma se ahorraba pérdidas de energía en la transmisión, por diferencial y cadena de transmisión a las ruedas traseras. Es decir que los dos motores estaban ubicados en cada rueda trasera.

Esta innovación luego se vería en muchos autos eléctricos de principios del siglo XX. Incluso en algunos camiones que tuvieron un motor eléctrico en cada rueda, con lo cual era de doble tracción. También esto fue usado en autos híbridos, pero en este caso los motores eléctricos se montaban en las ruedas delanteras.

Lo novedoso en la carrocería de este auto eléctrico del belga Camille Jenatzy era su forma alargada, que recordaba a un cigarro. Tanto su parte delantera, como trasera, eran aguzadas y terminaban en punta. El belga se sentía capaz de acertarse a la barrera tabú de los 100 kilómetros por hora.

A Jenatzy lo apodaban el “Diablo Rojo”, por el color de su barba roja. El 1 de abril de 1899 se presentó con su modelo bautizado La Jamais Contente en la pista de Achêres y salió disparado como un cohete. Pero no lograron cronometrarlo y no se pudo establecer la velocidad que alcanzó ese día. Regresó el 29 de abril para tratar de batir el récord del conde Chasseloup-Laubat.

El conde, junto con el constructor Jeantaud, se encontraban entre el público ese día. A los pocos minutos Camille Jenatzy logró una velocidad de rayo. Rayo que no cayó del cielo cual castigo divino, tampoco se le solidificaron los ojos, u otros líquidos corporales. Simplemente había superado la barrera de los 100 kilómetros por hora. Nada volvería a ser igual en los automóviles del futuro.

El belga Jenatzy logró una cifra récord con su La Jamais Contente: 105,85 kilómetros por hora. De esta forma un auto eléctrico era el más rápido del mundo al mando de Camille Jenatzy. Se aceptó el rotundo éxito del belga y ambos rivales cesaron en continuar con los récords de velocidad. Recién tres años más tarde un auto con motor a vapor de la marca Sepollet batiría el récord del belga Jenatzy. Pero un auto movido por un motor a nafta tardaría varios meses, más tarde, en lograr superar este nuevo récord.

La Jamais Contente existe y se lo exhibe en el Musée Nationale de la Voiture et du Tourisme, que está en el Palacio de Compiègne, Francia. En el año 1990 se construyó una réplica para poder asistir a exposiciones, muestras o encuentros de autos antiguos. También en Japón se realizó otra réplica en madera.

Los datos de esta historia los tomé del libro “Los pioneros. 160 kilómetros por hora y 307 kilómetros de autonomía (1870/1906) escrito por Volver Christian Manz en el año 2017: https://archivodeautos.blogspot.com/2018/04/los-pioneros.html

La imagen del Salón de París, con la muestra restropectiva, la tomé de la Enciclopedia Autorama publicada por la Editorial Codex en el año 1968.

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Mauricio Uldane
Editor de Archivo de autos

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