domingo, 22 de febrero de 2026

Ursu

“¡La Estanciera de Don Suárez está rodando de nuevo!”, gritó desde el otro lado de la ventana del Bar La Amistad, Beto, mi amigo que siempre está casi a un paso de la exaltación.

 


Esa tarde de febrero estaba degustando un café con leche con medialunas de grasa, que me había traído Don Manolo. Le dije para que entrara, qué remedio.

 

Entró y he hizo señas para que le trajeran un café. “La vi ayer a la tarde. Pero hoy no te encontré para avisarte”. Le dije, “no vine porque tuve una reunión de trabajo”.

 

“¿Te encargaron otro relato?”. Asentí con la cabeza. Le confesé que no tenía la menor idea qué escribir. “Ya se te ocurrirá algo. Siempre te pasa”, dijo y me palmeó el hombro izquierdo.

 

Llegó su café, y arrancó con la historia. Había que prestarle atención, de lo contrario se podía encular por días. Una vez estuvo dos semanas sin hablarme, además de ignorarme cada vez que venía al bar.

 

Conocía la Estanciera de Don Facundo Suárez, el Viejo Suárez, para los que vivimos en el barrio. Un ser humano cálido y dispuesto a contar sus historias cuando trabajó en IKA.

 

Realmente tuve la suerte de charlar horas con él, y conocer de primera mano muchos datos que desconocía. Ya había fallecido. Ahora caía en la cuenta que hacía más de un año. Desconocía que la Estanciera seguía en el barrio.

 

Pero la narración de Beto seguía, y le agregaba colorido. “No pude ver quién manejaba la Estanciera del Viejo Suárez. Pasó delante de mi casa y no llegué a ver al conductor”, preocupado porque se le había piantado ese dato.

 

Beto es como el cronista barrial. Todo lo ve, todo lo sabe. Casi como si fuera el portero del barrio. “No te hagas problemas, ya nos vamos a enterar quién tiene la Estanciera”, dije para tranquilizarlo y terminar mi merienda.

 

Quería volver a casa y ponerme a pensar una historia. Mi editor me iba a asesinar sino le entregada el relato para la edición del domingo. La verdad faltaba solo tres días y no tenía la menor idea, y eso que las ideas me sobran.

 


Al otro día por la mañana, cuando estaba remojando la última medialuna, una mujer hermosa, vino directo a mi mesa. “Hola. Me dijeron que me podés dar una mano con la Estanciera”. ¡Carajos! Es la que manejaba el otro día en la historia de Beto, pensé.

 

Le pregunté cómo podía ayudarla mientras la invitaba a sentarse. Ya Don Manolo venía con un café con leche y tres medialunas de grasa. Me miró y me guiñó un ojo. Primero no entendí. Al rato me di cuenta. Él le dijo que la ayudaría con la Estanciera.

 

“No sé si me conocés”. Por supuesto lo negué, era la primera vez que la veía. “Entiendo. No ves televisión, y menos programas de autos”, negué nuevamente. Cada vez entendía menos.

 

“Soy Úrsula Suárez, la conductora de ‘Autos Alucinantes’, el programa sale los domingos al mediodía”, me explicó como si fuera una maestra de primaria, y yo un alumno que descubría las vocales.

 

Cuando mencionó su apellido todas las luces de mi tablero mental se encendieron de golpe. “¿Sos la nieta de Facundo Suárez?”, tiré casi como una duda, más que una pregunta. “Sí, soy yo. ¿Me conocías?”.

 

Le dije que no. “Llegué al barrio hace unos diez años”. Don Suárez me contó de una nieta que llevaba al jardín de infantes, y luego a la escuela primaria en la Estanciera. “Era yo”, dijo y sonrió. Creo que en el Glaciar Perito Moreno se produjo un desprendimiento en ese preciso instante.

 

En resumidas cuentas, me buscaba porque tenía problemas con el carburador. Claro tanto tiempo sin uso, la Estanciera, debía tener suciedad acumulada además de residuos de la nafta actual. Le dije que conocía un carburista en el barrio que le iba a solucionar el problema.

 

“¡Genial!”. Pegó un salto en su silla. Arreglamos para vernos en la tarde. Antes de irse me dijo “los amigos me llaman Ursu” y me dio un beso en la mejilla. La turbación me duró hasta la llegada de Beto, que me sacó de ese estado.

 

“Esa que salía era Úrsula Suárez, la mina de la tele”, dijo casi en un grito que hasta Don Manolo levantó la cabeza del diario Clarín. “Si, y además es la dueña de la Estanciera. Quedamos en vernos esta tarde para ir a Carburadores Hércules”, Beto se quedó sin habla, pero además con la boca abierta.

 


Creo que fue la primera vez que logré shockearlo. Todo gracias a Ursu. Tuve que contarle todos los detalles, sino no me iba a dejar en paz. Lo conocía. Me llamaría por teléfono para que le contara toda la historia. Así que preferí hacerlo ahí en el bar.

 

Esa tarde fui hasta la vieja casona de Don Suárez y toqué el timbre. Ursu apareció y se alegró de verme. Abrió el garaje y ahí estaba la Estanciera verde que tanto había amado el Viejo Suárez. La verdad me emocioné.

 

“¿Lo trataste mucho a mi abuelo?”, preguntó mientras ponía en marcha la Estanciera. Le conté de nuestras charlas en el Bar La Amistad. “Mi abuelo era un gran narrador de historias”, dijo con una mirada melancólica. “Me alegro mucho que tuvieras tan buena relación con mi abuelo”, sonrió y salimos a la calle.

 

Llegamos al carburista. Ya nos estaba esperando el Viejo Hércules, otro personaje del barrio. “¡La Estanciera del Viejo Suárez!”, grito cuando nos vio. “Parece que todos conocían a mi abuelo”, dijo Ursu. Le confirmé que era un personaje del barrio, que además se hacía querer.

 

“El carburador debe estar sucio. Te lo limpio y lo pongo a punto. Mañana a la tarde venila a buscar. ¿Así que sos la nieta del Viejo Suárez?”, no salía de su asombro Don Hércules.

 

Volvimos caminando a la casa de Ursu, eran unas diez cuadras. Recordaba muchas casas y sus antiguos dueños. La mayoría habían sido vendidas, y algunas demolidas. En verdad que parecía que amaba el barrio.

 

Durante uno tiempo los padres de Ursu tuvieron que viajar por trabajo y ella quedó a cargo de sus abuelos. Doña Clara, esposa del Viejo Suárez, falleció antes que me mudara al barrio. También me habló con mucho cariño de su abuela.

 

Entrada la tarde sonó el teléfono. Era Ursu. Me contaba que ya tenía la Estanciera en su casa y que funcionaba mucho mejor. Me invitó a ir al río el domingo a la tarde. Le dije que sí, qué podía perder.

 

Mi editor no me cree que conozco a Úrsula Suárez. Tampoco que es mi vecina del barrio, menos que es dueña de una Estanciera. Pero que salimos juntos a pasear por la tarde no lo toleró, dijo que eso era una ficción mía.

 

Ahora ya tengo una historia para la edición del domingo. Si no me cree la realidad, al menos aceptará el relato de ficción…

 

Si te interesa leer relatos fierreros de ficción, y de no ficción, te dejo este enlace donde podrás encontrar las historias con autos publicadas desde noviembre de 2011: https://archivodeautos.blogspot.com/p/relatos.html

 

 

Mauricio Uldane

Creador y editor de Archivo de autos

 

https://magic.ly/archivodeautos

 

Aniversario 15º / 2011-2026

 

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