“¡La Estanciera
de Don Suárez está rodando de nuevo!”, gritó desde el
otro lado de la ventana del Bar La Amistad, Beto, mi amigo que siempre está
casi a un paso de la exaltación.
Esa tarde de febrero estaba
degustando un café con leche con medialunas de grasa, que me había traído Don
Manolo. Le dije para que entrara, qué remedio.
Entró y he hizo señas para que le
trajeran un café. “La vi ayer a la tarde. Pero hoy no te encontré para
avisarte”. Le dije, “no vine porque tuve una reunión de trabajo”.
“¿Te encargaron
otro relato?”. Asentí con la cabeza. Le confesé que no tenía la
menor idea qué escribir. “Ya se te ocurrirá algo. Siempre te pasa”, dijo
y me palmeó el hombro izquierdo.
Llegó su café, y arrancó con la
historia. Había que prestarle atención, de lo contrario se podía encular por
días. Una vez estuvo dos semanas sin hablarme, además de ignorarme cada vez que
venía al bar.
Conocía la Estanciera de Don
Facundo Suárez, el Viejo Suárez, para los que vivimos en el barrio. Un ser
humano cálido y dispuesto a contar sus historias cuando trabajó en IKA.
Realmente tuve la suerte de charlar
horas con él, y conocer de primera mano muchos datos que desconocía. Ya había
fallecido. Ahora caía en la cuenta que hacía más de un año. Desconocía que la
Estanciera seguía en el barrio.
Pero la narración de Beto seguía, y
le agregaba colorido. “No pude ver quién manejaba la Estanciera del Viejo
Suárez. Pasó delante de mi casa y no llegué a ver al conductor”, preocupado
porque se le había piantado ese dato.
Beto es como el cronista barrial.
Todo lo ve, todo lo sabe. Casi como si fuera el portero del barrio. “No te
hagas problemas, ya nos vamos a enterar quién tiene la Estanciera”, dije
para tranquilizarlo y terminar mi merienda.
Quería volver a casa y ponerme a
pensar una historia. Mi editor me iba a asesinar sino le entregada el relato
para la edición del domingo. La verdad faltaba solo tres días y no tenía la
menor idea, y eso que las ideas me sobran.
Al otro día por la mañana, cuando
estaba remojando la última medialuna, una mujer hermosa, vino directo a mi
mesa. “Hola. Me dijeron que me podés dar una mano con la Estanciera”. ¡Carajos!
Es la que manejaba el otro día en la historia de Beto, pensé.
Le pregunté cómo podía ayudarla
mientras la invitaba a sentarse. Ya Don Manolo venía con un café con leche y
tres medialunas de grasa. Me miró y me guiñó un ojo. Primero no entendí. Al
rato me di cuenta. Él le dijo que la ayudaría con la Estanciera.
“No sé si me
conocés”. Por supuesto lo negué, era la primera vez que la
veía. “Entiendo. No ves televisión, y menos programas de autos”, negué nuevamente.
Cada vez entendía menos.
“Soy Úrsula
Suárez, la conductora de ‘Autos Alucinantes’, el programa sale los domingos al
mediodía”, me explicó como si fuera una maestra de primaria,
y yo un alumno que descubría las vocales.
Cuando mencionó su apellido todas
las luces de mi tablero mental se encendieron de golpe. “¿Sos la nieta de
Facundo Suárez?”, tiré casi como una duda, más que una pregunta. “Sí,
soy yo. ¿Me conocías?”.
Le dije que no. “Llegué al barrio
hace unos diez años”. Don Suárez me contó de una nieta que llevaba al
jardín de infantes, y luego a la escuela primaria en la Estanciera. “Era yo”,
dijo y sonrió. Creo que en el Glaciar Perito Moreno se produjo un desprendimiento
en ese preciso instante.
En resumidas cuentas, me buscaba
porque tenía problemas con el carburador. Claro tanto tiempo sin uso, la
Estanciera, debía tener suciedad acumulada además de residuos de la nafta
actual. Le dije que conocía un carburista en el barrio que le iba a solucionar
el problema.
“¡Genial!”. Pegó
un salto en su silla. Arreglamos para vernos en la tarde. Antes de irse me dijo
“los amigos me llaman Ursu” y me dio un beso en la mejilla. La turbación
me duró hasta la llegada de Beto, que me sacó de ese estado.
“Esa que salía
era Úrsula Suárez, la mina de la tele”, dijo casi en
un grito que hasta Don Manolo levantó la cabeza del diario Clarín. “Si, y
además es la dueña de la Estanciera. Quedamos en vernos esta tarde para ir a
Carburadores Hércules”, Beto se quedó sin habla, pero además con la boca
abierta.
Creo que fue la primera vez que
logré shockearlo. Todo gracias a Ursu. Tuve que contarle todos los detalles,
sino no me iba a dejar en paz. Lo conocía. Me llamaría por teléfono para que le
contara toda la historia. Así que preferí hacerlo ahí en el bar.
Esa tarde fui hasta la vieja casona
de Don Suárez y toqué el timbre. Ursu apareció y se alegró de verme. Abrió el
garaje y ahí estaba la Estanciera verde que tanto había amado el Viejo Suárez.
La verdad me emocioné.
“¿Lo trataste
mucho a mi abuelo?”, preguntó mientras ponía en marcha la Estanciera.
Le conté de nuestras charlas en el Bar La Amistad. “Mi abuelo era un gran
narrador de historias”, dijo con una mirada melancólica. “Me alegro
mucho que tuvieras tan buena relación con mi abuelo”, sonrió y salimos a la
calle.
Llegamos al carburista. Ya nos
estaba esperando el Viejo Hércules, otro personaje del barrio. “¡La
Estanciera del Viejo Suárez!”, grito cuando nos vio. “Parece que todos
conocían a mi abuelo”, dijo Ursu. Le confirmé que era un personaje del
barrio, que además se hacía querer.
“El carburador
debe estar sucio. Te lo limpio y lo pongo a punto. Mañana a la tarde venila a
buscar. ¿Así que sos la nieta del Viejo Suárez?”, no salía de su
asombro Don Hércules.
Volvimos caminando a la casa de
Ursu, eran unas diez cuadras. Recordaba muchas casas y sus antiguos dueños. La
mayoría habían sido vendidas, y algunas demolidas. En verdad que parecía que
amaba el barrio.
Durante uno tiempo los padres de
Ursu tuvieron que viajar por trabajo y ella quedó a cargo de sus abuelos. Doña
Clara, esposa del Viejo Suárez, falleció antes que me mudara al barrio. También
me habló con mucho cariño de su abuela.
Entrada la tarde sonó el teléfono.
Era Ursu. Me contaba que ya tenía la Estanciera en su casa y que funcionaba
mucho mejor. Me invitó a ir al río el domingo a la tarde. Le dije que sí, qué
podía perder.
Mi editor no me cree que conozco a
Úrsula Suárez. Tampoco que es mi vecina del barrio, menos que es dueña de una
Estanciera. Pero que salimos juntos a pasear por la tarde no lo toleró, dijo
que eso era una ficción mía.
Ahora ya tengo una historia para la
edición del domingo. Si no me cree la realidad, al menos aceptará el relato de
ficción…
Si
te interesa leer relatos fierreros de ficción, y de no ficción, te dejo este
enlace donde podrás encontrar las historias con autos publicadas desde noviembre
de 2011: https://archivodeautos.blogspot.com/p/relatos.html
Mauricio Uldane
Creador y editor de Archivo de autos
https://magic.ly/archivodeautos
Aniversario 15º / 2011-2026
#Archivodeautos, #Blogger, #blogprivado, #MauricioUldane, #suscripción, #archivopersonal, #RelatosFierreros, #Estanciera, #abuelo, #conductora, #carburador, #bar, #relato, #relatofierrero, #ficción, #editor, #domingo, #paseo, #río, #historiasconautos, #Temporada2026, #décimocuartoaniversario
No hay comentarios.:
Publicar un comentario
Aquellos comentarios que sean anónimos, y que no tengan un nombre, o un nick, o un apodo, como firma, no serán publicados y se los considerará como spam. Se eliminarán comentarios con enlaces publicitarios de cualquier tipo. Los comentarios con insultos o políticos se eliminarán directamente.