jueves, 3 de diciembre de 2015

Auto a vapor: Rochester

Aquellos que tuvieron la suerte de asistir a Autoclásica 2015 se habrán encontrado, ni bien se ingresaba al predio del Hipódromo de San Isidro, con los vehículos a vapor que se exponían en el lugar. Entre los vehículos expuestos estaba el Rochester del año 1901 que hoy conoceremos un poco más de cerca.

Rochester del año 1901 a la entrada de Autoclásica 2015. Al fondo se 
puede ver un tractor a vapor en perfecto estado de conservación 
funcionamiento. Foto tomada el 12 de octubre de 2015 en el 
Hipódromo de San Isidro en la provincia de Buenos Aires.


Hace casi 114 años se disputó la primera carrera de automóviles de Argentina y se realizó en el Hipódromo de Palermo el 16 de noviembre de 1901. Ahora en pleno siglo XXI, en otro hipódromo, se realiza anualmente una muestra de autos antiguos y clásicos. Cosas de la vida y la historia de las personas.

Esa primera competencia automovilística argentina tuvo una distancia de 1.000 metros que el ganador, Juan Cassoulet, tardó 49 segundos en llevar a la meta a su Rochester a vapor, que era propiedad de Dalmiro Varela Castex, que en el año 1904 fundara el ACA (Automóvil Club Argentino). Eran tiempos que los automóviles eran los juguetes caros de ricos y nobles. En Argentina no teníamos nobles, pero ricos y terratenientes había para hacer dulce.

Varela Castex fue además uno de los precursores del automovilismo argentino desde finales del siglo XXI. Dicen que fue un entusiasta de los automóviles, hoy diríamos que era un fierrero. Pero en aquellos años ese término era desconocido. Como era desconocido, para muchos argentinos, el automóvil. En el año 1901 tan solo había 9 automóviles circulando por la ciudad de Buenos Aires.

Ese sábado 16 de noviembre de hace casi 114 años tuvo como testigo un automóvil similar al expuesto en Autoclásica 2015. No sé si es el mismo automóvil a vapor. Lo cierto que el Rochester de 1901 era de Estados Unidos fabricado por la empresa The Rochester Cycle Manufacturing Company y a principios del año 1901 se dedicó a los automóviles a vapor.
 
Vista de perfil del Rochester de 1901 en Autoclásica 2015. 
Foto tomada el 12 de octubre de 2015 en el Hipódromo 
de San Isidro en la provincia de Buenos Aires.

La carrocería del Rochester era Runabout Spindle Seat con un motor a vapor de 2 cilindros de doble efecto. La cilindrada se podía calcular como el desplazamiento útil en 964 centímetros cúbicos con una potencia de 6 HP. El diámetro de los cilindros era de 63,5 milímetros y la carrera de los pistones de 76,2 milímetros.

La presión de trabajo de la caldera, era del tipo humo tubular, alcanzaba las 210 libras. El quemador usaba kerosene vaporizado a 50 libras y la capacidad de agua era de 42 litros que consumía a razón de 0,5 kilómetros por litro. Esto le daba una autonomía de 21 kilómetros por el consumo del agua. La capacidad de almacenaje del kerosene era de 10 litros de los cuales tenía un rendimiento de 6 kilómetros por litro.

La velocidad máxima era de 70 kilómetros por hora, algo elevado para un automóvil de estas características en pleno inicio del siglo XX y la velocidad crucero era de 30 kilómetros por hora. Como para admirar el paisaje. El peso del Rochester del año 1901 era de 440 kilogramos.

El Rochester tiene como volante un manubrio del tipo cola de vaca. Este sistema de dirección fue usado por varias marcas de automóviles tanto con motor a vapor, como con motor de combustión interna. Recuerdo un viejo Oldsmobile, contemporáneo del Rochester, con un manubrio similar a este.

En aquellos primeros años de la industria automotriz mundial los vehículos movidos a vapor estaban a la par de los motores de combustión interna. También se disputaban el mercado insipiente con los vehículos eléctricos. Las mejoras en la industria automotriz lograron que los motores con el ciclo Otto lograran superar a sus competidores. No solo fue una guerra con las petroleras, hubo más desarrollo tecnológico que presiones económicas, que seguro existieron.

Los automóviles movidos a vapor necesitaban de un combustible fósil para su quemador, como vimos con el Rochester. Además de un mantenimiento y puesta en marcha más complicados. Por su parte los eléctricos siempre tuvieron su punto débil en la autonomía de sus baterías y el peso de las mismas.

Durante la crisis petrolera de mediados de los años setenta las grandes automotrices estadounidenses reflotaron los motores movidos a vapor. En este caso usando turbinas. Pero las pruebas no llegaron a buenas conclusiones justamente por el mantenimiento por parte de los usuarios.

También en paralelo se desarrollaron muchos automóviles eléctricos con o menos éxitos, pero la mayoría de ellos inviables por costos elevados. Además de seguir contando con un petróleo a un menor valor. Lo mismo sucedió en los ochenta con el uso del hidrógeno en Europa por parte de la empresa alemana BMW. Ahora parece que han vuelto a los eléctricos, pero siguen siendo muy caros para el común de los mortales.

La fotografía del Rochester del año 1901 la tomé el lunes 12 de octubre de 2015 en la entrada de los jardines del Hipódromo de San Isidro cuando se desarrolló la edición 15ª de Autoclásica 2015 y a la cual asistí como periodista acreditado.

Mauricio Uldane
Editor de Archivo de autos

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