jueves, 19 de marzo de 2015

Nazzaro, una marca con sello deportivo

Hemos visto como Felice Nazzaro era uno de los mejores pilotos europeos de principios del siglo XX. En especial en el equipo F.I.A.T. donde era compañero de equipo de Vincenzo Lancia, que luego se dedicaría a la construcción de automóviles con su apellido como marca. Nazzaro haría lo mismo pero sin la suerte comercial de Lancia.

Un chasis Nazzaro.


Felice Nazzaro se inició en la mecánica siendo un joven de quince años en el taller de Giovanni Ceirano, otro apellido italiano ligado a la industria automotriz. Lo haría en el taller que la empresa Ceirano tenía en la ciudad de Turín y fue en el año 1896. La industria automotriz comenzaba a dar sus primeros pasos y Nazzaro lograba desentrañar los secretos de la mecánica.

Nazzaro no solo fue un piloto brillante sino que además conocía las máquinas que piloteaba como pasó en el circuito de Brooklands en Gran Bretaña, donde se lo vio reparar su auto en vías de batir un récord. Solo él desarmó y armó su auto para poder realizar la prueba.

Desde un principio Nazzaro tuvo la intención de construir su propio auto. Una de las personas que lo instó a realizar el proyecto fue el mismísimo presidente de la F.I.A.T., Giovanni Agnelli. Y así lo hizo. Para acometer la empresa de fabricar sus propios automóviles se asoció con Fabry que se encargaría de la parte contable y Nazzaro de la parte mecánica. Corría el año 1911 cuando se concretó la empresa y abrió un pequeño taller en la ciudad de Turín.

En un principio Nazzaro construyó su auto pieza por pieza, para luego supervisar la calidad de los materiales que se usaban en la construcción de los autos que llevaban su apellido como marca. Más tarde sugirió las modificaciones que se le debían realizar a los autos de carrera de la marca.

El apellido de Nazzaro, dada su popularidad y prestigio, fueron la mejor publicidad para que le llovieran pedidos de automóviles. Tantos fueron que se vieron desbordados y pronto el pequeño taller inicial quedó chico. Debieron mudar la planta a un establecimiento más grande ubicado en la Via Peschiera 250 y eso fue en 1912, un año más tarde de dar inicio a las actividades constructivas.

Para el año 1913 los autos Nazzaro participaron de los Salones de París y Londres y en ese momento muchas agencias de distintos países se ofrecieron para ser representantes de la marca. Pero Nazzaro tocaría el cielo con las manos cuando pudo competir con un auto de carreras, fabricado por él mismo, en una prueba en Europa.

La carrera fue la Targa Florio-Vuelta de Sicilia y esto le trajo muchas críticas. Muchos consideraban demasiado audaz que un piloto corriera su propia creación. Lo consideraban un desafío, pero lo que escondía era una alta cuota de envidia. Lo que se decía que estaba poniendo su renombre en juego. Y vaya que lo hizo, tanto que redobló la apuesta.

Terminó de poner a punto su auto de carrera a último momento y presentó una sola máquina, que tuvo su ensayo previo en el viaje de Turín a Nápoles, en el sur de Italia. Un riesgo total, pero logró demostrarle al mundo que podía hacerlo y salir airoso.

Tanto que largando la Targa Florio de los últimos puestos logró adelantarse a marcas famosas y ponerse al tope de la carrera. Llegó primero y con una gran ventaja sobre sus seguidores. Su técnica conductiva hizo el resto y logró un resonante triunfo en Sicilia. Encima de eso el dinero obtenido por su primer puesto lo donó al Hospital de Niños. No en vano lo llamaban “el señor del volante”.

Pero una persona de ese espíritu no podía tener éxito en el duro mundo de la industria automotriz y para 1915 tuvo que cerrar su planta y regresar a trabajar para la F.I.A.T. Luego de finalizada la Primera Guerra Mundial volvió a reabrir su fábrica de automóviles pero esta vez mudada a la ciudad de Florencia. Los tiempos se habían puesto mucho más difíciles y para el año 1923 cerró definitivamente su fábrica y nuevamente regresó a la F.I.A.T.

Fue una lástima que no tuviera éxito porque sus automóviles parece ser que valían la pena. En el viejo folleto que ilustra esta nota vemos un chasis Nazzaro, una práctica habitual en aquellos años donde los fabricantes proveían en las partes mecánicas, pero no sus carrocerías. Habría que esperar hasta entrada la década del veinte para que el auto saliera completo de la mayoría de las empresas. Eso vendría con la fabricación en serie y el abandono definitivo de la etapa artesanal en el armado de los automóviles. El viejo folleto fue tomado de la Enciclopedia Autorama editada en Argentina en el año 1968.

Mauricio Uldane
Editor de Archivo de autos



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