jueves, 5 de junio de 2014

Un auto catamarqueño

El primer automóvil que tuvo la provincia de Catamarca fue un International modelo 1903 que fuera propiedad de José Silvano Daza, coronel retirado y ex gobernador de la mencionada provincia.



El Internacional de dos cilindros opuestos refrigerado por aire con dos velocidades, una hacia delante y otra marcha atrás fue comprado usado en la ciudad de Buenos Aires en el año 1909.

El automóvil de origen estadounidense podía desarrollar una velocidad de entre 50 y 60 kilómetros por hora. Además sus ruedas eran de goma maciza. Esto fue especialmente elegido por Daza ya que en la provincia de Catamarca los caminos de tierra estaban sembrados de espinas de quimil. Estas espinas tenían la dureza de un clavo.

Les recuerdo que para principios de los años del siglo XX no solo no había gomerías, sino que el neumático sin cámara era ciencia ficción. Así que la decisión del coronel catamarqueño retirado fue sabia. Igual el traqueteo por las calles empedradas de la ciudad de Catamarca era notable, dicho por Rafael Cano, periodista catamarqueño, que tuvo la oportunidad de realizar un breve viaje en octubre de 1909, a bordo del International de Daza.

El International de 1903 llegó vía ferrocarril hasta la ciudad de Catamarca el 9 de agosto de 1909 y recibido por una comitiva, que incluía a su dueño, y funcionarios de la provincia, entre ellos el gobernador de ese entonces, Emilio Molina.

Imagino que habrá sido un gran acontecimiento la llegada del primer automóvil a la provincia de Catamarca. El automóvil estaba dando sus primeros pasos en Argentina y no era algo tan habitual de ver en las calles. Menos aún para muchas personas, ya que por ese tiempo tener un auto era cosa de ricos, casi como un juguete muy caro.

Daza tuvo que traer desde Buenos Aires a un mecánico, todavía la palabra chófer no estaba en uso, para que manejara el International y para que le diera clases de manejo a su nuevo dueño. El día de la llegada a Catamarca, Daza, invitó al gobernador y a sus amigos a dar una vuelta en el auto para que conocieran sus bondades.

José Bertoni, el mecánico que había contratado Daza en Buenos Aires, fue el encargado de poner en marcha y de conducir el International por las calles de Catamarca. Al primer intento el auto no arrancó. Cosa bastante habitual en aquellos primeros automóviles. “El motor está ahogado”, sentenció Bertoni. Pidió la colaboración a algunos de los varios muchachos agrupados en la estación ferroviaria para que empujaran el auto. Este arrancó e hizo tronar los aplausos del público concurrente.

Esa imagen se ha repetido a lo largo de ciudades y pueblos de todo el mundo: la sorpresa y el aplauso de las personas comunes y corrientes ante la presencia de uno de esos primeros automóviles. ¿Alguien aplaude el paso de un auto hoy en pleno siglo XXI? Claro que no, ni siquiera aplaudimos el más deslumbrante de los desarrollos de la tecnología. El mundo cambió y nosotros también. Nos cuesta más sorprendernos con algo nuevo. Espero fervientemente que nunca perdamos nuestra capacidad de asombro.

En poco tiempo Daza aprendió a manejar su International sin la ayuda de Bertoni. Todas las tardes salía de paseo junto a su esposa Carmen de la Vega al son de las explosiones del motor que ponían en fuga a los perros de la calle. Pero el destino del International es incierto. Rafael Cano cuenta que un viaje a la provincia de Catamarca en 1912 divisó una jardinera, carruaje tirado por caballos, que trasportaba tarros de leche y que tenía llantas de goma maciza.

Esto le llamó su atención y le consultó a vecinos de la zona por esa “rara” característica del carruaje a lo que le respondieron “las ruedas de la jardinera que pasó pertenecieron al primer automóvil que llegó a Catamarca”. Parecería que el pasado se comió el futuro en la provincia de Catamarca o el auto se adelantó al tiempo en esa provincia.

La fotografía nos muestra a José Silvano Daza al volante del International y las pasajeras del asiento trasero son su esposa y sobrinas. De pie junto al auto se encuentran Abraham de la Vega, José Domingo de la Vega y Ramón Cisternas. La vieja foto apareció publicada en la revista Auto Club número 51 de marzo y abril del año 1970.

Mauricio Uldane
Editor de Archivo de autos


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