martes, 11 de febrero de 2014

La décima versión del Jaguar Mark

La empresa inglesa Jaguar Cars Ltd. ofrecía en el Jaguar Mark X, automóvil de cuatro puertas, prestaciones de un gran turismo o deportivo. Hoy veremos esta rápida berlina británica.

Jaguar Mark X de 1963.


El Jaguar Mark X de 1963 ofrecía un motor de 3.781 centímetros cúbicos, que aumentaría a 4.235 centímetros cúbicos en la versión de 1964 y que se ofrecerían las dos motorizaciones para los futuros clientes. El motor derivaba del Jaguar XK S y era un 6 cilindros en línea con una potencia de 265 HP a 5.500 revoluciones por minuto.

El Jaguar Mark X tenía las suspensiones delanteras y traseras, ambas independientes, del Jaguar Tipo E. Así esta berlina se comportaba como un auto deportivo con una velocidad máxima cercana a los 200 kilómetros por hora. Una muy buena velocidad final para una berlina del año 1963.

La caja de velocidades tenía la posibilidad de ser manual o automática, según el deseo del cliente. La caja manual era de cuatro velocidades y marcha atrás con la palanca en la columna de dirección. La caja manual también ofrecía la opción a una sobre marcha con una relación de 0,77:1.

Los frenos eran a disco en las cuatro ruedas. En el eje trasero los discos se ubicaban a la salida del diferencial. De esta forma no pesaban sobre las ruedas traseras. Esta disposición mecánica logra que las ruedas tengan un contacto, más perfecto, con el piso.

Una berlina de lujo con tablero de madera y bandejas plegables ubicadas en los respaldos de los asientos delanteros. Asientos que estaban tapizados en cuero, como corresponde a un automóvil de esta categoría. El tapizado del techo era de paño, al igual que el piso del baúl y las alfombras del habitáculo.

Un auto clásico con soluciones de altas prestancias deportivas, para sacarse el gusto de andar un poco más fuerte que la rutina de la semana nos obliga.

La fotografía fue tomada de la revista Parabrisas número 26 de enero de 1963.

Mauricio Uldane
Editor de Archivo de autos


Archivo de autos es armado en un ciber por falta de recursos económicos, no por una política editorial.