De
cómo un auto de carreras del ayer se transformó en otro vehículo. Todo gracias
a las manos de un artesano que fue mi abuelo paterno. Un relato ocurrido hace
más de 70 años.
La baquet de mi abuelo José Uldane. La foto fue tomada en Tres Lomas, Buenos Aires. |
Mi
abuelo José Uldane, padre de mi padre, fue mecánico, carpintero y corredor amateur
en carreras rurales en la zona de Tres Lomas en el oeste de la provincia de
Buenos Aires. Carreras que se hacían con viejos Ford T convertidos en baquet.
En
este caso particular no era un Ford T sino un Plymouth modelo 1929 que mi
abuelo José solía correr por caminos de tierra en el oeste bonaerense. Por
aquellos años el pueblo de Tres Lomas era una localidad del partido de Carlos
Pellegrini. Hoy es partido y la ciudad de Tres Lomas es su cabecera.
Allá
por los cuarenta esas carreras se realizaban en los caminos rurales y los
alambrados de los campos eran los guardarail. Mi abuelo José tenía algunas
cicatrices que le recordaban un encontronazo con un alambre de púa. Pero al
menos el podía contar el cuento. En cambio otros habían perdido la cabeza en un
despiste del improvisado circuito de tierra.
La baquet Plymouth 29 le sirvió para correr varias carreras a mi abuelo José. Pero
todo tiene un ciclo y llegó el momento de vender la baquet Plymouth. Trató sin
éxito su venta. Ante la falta de interés por esa vieja baquet pensó en
reconvertirlo en algo vendible.
La
doble hélice del ADN (ácido desoxirribonucleico) contiene nuestras capacidades
para diferentes actividades y eso se nota. Algún gen de mi abuelo José tengo
que tener para realizar mis artesanías enteladas (entelados.weebly.com) Lo atestigua la
mutación que sufrió el Plymouth 1929 que de baquet se convirtió en chatita. Así
pasó de las pistas de tierra a los caminos rurales como un fiel utilitario.
La chatita que armó mi abuelo José. |
Mi
abuelo José compró una carrocería de Ford A sedan dos puertas modelo 1930 y se
la montó al chasis Plymouth 29. El auto de carreras que no corría a más de 110 kilómetros por
hora y por eso mi abuelo se deshizo de él. Así fue como motor, caja y
diferencial Plymouth pasó a tener un ropaje Ford.
Las
manos de mi abuelo José convirtieron ese sedan dos puertas en una chatita. Hubo
una época en Argentina que se cortaron muchos autos de dos y cuatro puertas
para convertirlos en camionetas se debían a que por ser vehículos utilitarios
pagaban la mitad de patente que un auto.
Así
fue como la baquet Plymouth 29 terminó con una carrocería Ford A 30 y
convertido en camioneta. La vieja foto atestigua la mutación que sufrió el
Plymouth 29. Con este nuevo ropaje rápidamente pudo venderlo al auto de
carrera, ahora camioneta que no viajaba a más de 110 kilómetros por
hora.
Según
mi padre mi abuelo José esta determinación porque no consiguió un diferencial
para cambiarle al Plymouth y lograr tener una mejor relación y así ganar
kilómetros en su auto de carreras.
Por
todo esto es que reivindico el valor de la capacidad de artesano de mi abuelo
José. He visto las cosas hechas por él. Como por ejemplo la mesa del comedor de
mi casa donde escribo estas líneas en un viejo papel borrador. Esa mesa hace
años que está en mi familia. Nada especial, pero es la mesa de todos los días.
Incluso la que me sirve para entelar y pintar las artesanías que hago. Es como
cerrar un ciclo. Mi abuelo hizo la mesa para que yo 80 años más tarde les
transmita a todos ustedes estas viejas historias de vida, autos y piezas
artesanales.
Mauricio Uldane
Editor de Archivo de autos
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Qué hermosa historia Mauricio, y me llega porque yo también tuve una hermosa relación con mi abuelo. No era artesano ni mucho menos, pero alimentó mi amor por los fierros. Un abrazo y muy bueno el blog.
ResponderBorrarJulián:
BorrarA mi abuelo paterno no lo pude tratar mucho porque murió cuando yo tenía 7 años.
Esta historia me la contó mi padre por las fotos guardadas. Pero reconozco algo genético en todo lo que soy.
Me alegro que te guste el blog.
Saludos.