domingo, 1 de septiembre de 2013

La mutación de una baquet

De cómo un auto de carreras del ayer se transformó en otro vehículo. Todo gracias a las manos de un artesano que fue mi abuelo paterno. Un relato ocurrido hace más de 70 años.

La baquet de mi abuelo José Uldane. La foto fue tomada en Tres Lomas, Buenos Aires.


Mi abuelo José Uldane, padre de mi padre, fue mecánico, carpintero y corredor amateur en carreras rurales en la zona de Tres Lomas en el oeste de la provincia de Buenos Aires. Carreras que se hacían con viejos Ford T convertidos en baquet.

En este caso particular no era un Ford T sino un Plymouth modelo 1929 que mi abuelo José solía correr por caminos de tierra en el oeste bonaerense. Por aquellos años el pueblo de Tres Lomas era una localidad del partido de Carlos Pellegrini. Hoy es partido y la ciudad de Tres Lomas es su cabecera.

Allá por los cuarenta esas carreras se realizaban en los caminos rurales y los alambrados de los campos eran los guardarail. Mi abuelo José tenía algunas cicatrices que le recordaban un encontronazo con un alambre de púa. Pero al menos el podía contar el cuento. En cambio otros habían perdido la cabeza en un despiste del improvisado circuito de tierra.

El baquet Plymouth 29 le sirvió para correr varias carreras a mi abuelo José. Pero todo tiene un ciclo y llegó el momento de vender la baquet Plymouth. Trató sin éxito su venta. Ante la falta de interés por esa vieja baquet pensó en reconvertirlo en algo vendible.

La doble hélice del ADN (ácido desoxirribonucleico) contiene nuestras capacidades para diferentes actividades y eso se nota. Algún gen de mi abuelo José tengo que tener para realizar mis artesanías enteladas (entelados.weebly.com) Lo atestigua la mutación que sufrió el Plymouth 1929 que de baquet se convirtió en chatita. Así pasó de las pistas de tierra a los caminos rurales como un fiel utilitario.

La chatita que armó mi abuelo José.

Mi abuelo José compró una carrocería de Ford A sedan dos puertas modelo 1930 y se la montó al chasis Plymouth 29. El auto de carreras que no corría a más de 110 kilómetros por hora y por eso mi abuelo se deshizo de él. Así fue como motor, caja y diferencial Plymouth pasó a tener un ropaje Ford.

Las manos de mi abuelo José convirtieron ese sedan dos puertas en una chatita. Hubo una época en Argentina que se cortaron muchos autos de dos y cuatro puertas para convertirlos en camionetas se debían a que por ser vehículos utilitarios pagaban la mitad de patente que un auto.

Así fue como la baquet Plymouth 29 terminó con una carrocería Ford A 30 y convertido en camioneta. La vieja foto atestigua la mutación que sufrió el Plymouth 29. Con este nuevo ropaje rápidamente pudo venderlo al auto de carrera, ahora camioneta que no viajaba a más de 110 kilómetros por hora.

Según mi padre mi abuelo José esta determinación porque no consiguió un diferencial para cambiarle al Plymouth y lograr tener una mejor relación y así ganar kilómetros en su auto de carreras.

Por todo esto es que reivindico el valor de la capacidad de artesano de mi abuelo José. He visto las cosas hechas por él. Como por ejemplo la mesa del comedor de mi casa donde escribo estas líneas en un viejo papel borrador. Esa mesa hace años que está en mi familia. Nada especial, pero es la mesa de todos los días. Incluso la que me sirve para entelar y pintar las artesanías que hago. Es como cerrar un ciclo. Mi abuelo hizo la mesa para que yo 80 años más tarde les transmita a todos ustedes estas viejas historias de vida, autos y piezas artesanales.

Mauricio Uldane
Editor de Archivo de autos