viernes, 26 de julio de 2013

La Estanciera azul y blanca

Tendría unos 14 o 15 años de edad cuando mi padre compró una vieja Estanciera azul y blanca modelo 1957. Se la compró a su primer y único dueño. Hoy sería una pieza de colección. Pintura de fábrica y bastante cuidada pese a los años que tenía encima, unos 20 años de uso.

Estanciera de 1957. Foto gentileza de Coche Argentino: http://www.cocheargentino.com.ar/


El antiguo dueño lloró cuando se la vendió a mi padre. Una cosa que me llamó la atención, cuando la trajo a casa, fueron las manijas de las puertas. “Se las cambiaron” atiné a decir. A lo que mi padre me respondió: “son las originales de fábrica”. Son aquellas que abren a gatillo y no por botón. Así de original estaba esa Estanciera 1957 de color azul y blanco.

Fue la primera versión de Estanciera que hubo en Argentina. La que tiene el techo con canaletas y no liso como los modelos posteriores. Además de gran despeje y altura final. Tanto era así que cuando circulábamos por la Avenida Lugones, en la ciudad de Buenos Aires, detrás del Aeroparque Jorge Newbery, los vientos laterales la movían.

Los pedales de freno y embrague nunca habían sido tocados y tenían mucho juego. Cuando, mi viejo, los fue a cambiar se dio cuenta que tenían los remaches de fábrica. Otra particularidad de esa Estanciera era que no tenía la palanca de cambios al volante, sino en el piso. Al igual que su hermano el Jeep tenía los cambios muy cortos, uno al lado del otro.

Para nosotros cinco, mi madre, mi padre, mi tía abuela, mi hermanita y yo, era enorme. Además con gran capacidad de carga en la parte trasera. Ni hablar de volcar los asientos traseros para transportar algo más voluminoso.

La compró, sino recuerdo mal, hacia fin de año. En enero no nos fuimos de vacaciones a ninguna parte. Un día, estando en la casa de mi abuela en San Miguel, lo vino a buscar un tipo que tenía una distribuidora de fiambres y embutidos.

Al tipo se le había roto la camioneta y necesitaba seguir con el reparto. Era su época de mayores ventas. Así que mi viejo, para ganarse unos mangos, aceptó. Total eran unos tres o cuatro días. Allí salimos mi viejo, el tipo del reparto, la Estanciera y yo.

A mí me llevaron para ayudar a acomodar los pedidos y hacer más fácil el trabajo. La mayoría de los almacenes del reparto estaban en calles de tierra. Como he rebotado en la parte de atrás de la Estanciera, a la cual le habíamos sacado los asientos traseros.

De tanto andar en calles de tierra las bocinas de la Estanciera, que también eran las originales, se quedaron mudas. La tierra las enmudeció. Solo recuperaron su voz cuando un día llovió y la humedad ambiente les recuperó su sonido.

A veces la torsión que sufría la carrocería vieja no dejaba que las puertas traseras cerraran bien. Solo lo hacían cuando la Estanciera estaba nivelada en un buen camino.

El primer día de trabajo volví con tanto hambre que me comí dos bifes. Mi padre dijo: “no lo llevo más. Lo que gané hoy este se lo comió en el almuerzo” Si porque en general el reparto era por la mañana. A la tarde estábamos libres.
Esa experiencia fue divertida para mí, un chico de 15 años que estaba de vacaciones en San Miguel y que vivía el resto del año en un barrio paquete de Buenos Aires.

Una vez  mi viejo pintó las llantas de la Estanciera de color blanco y azul. Las tuercas de color rojo. Toda una obra artística. Dejamos a la Estanciera con sus ruedas pintadas secándose en la casa de mi abuela y nos fuimos de visita a la casa de una tía de mi mamá.

Al volver, ya de noche, emprendimos el regreso a casa, en Buenos Aires. Era domingo por la noche y había que volver a las tareas habituales de la semana. Después de cenar algo partimos. Al llegar a la salida de San Miguel, donde la Ruta 202 y la vieja 8 se cruzan nos pasó algo impensado.

Una rueda trasera de la Estanciera salió disparada hacia atrás. Todavía recuerdo el sacudón por la caída, hacia la derecha y la rueda fugándose hacia el centro de San Miguel por la Avenida Mitre, hoy Avenida Balbín.

Nos quedamos justo enfrente de al gomería de Miguel Luengo, una dato para los vecinos de San Miguel. Por suerte para todos nada nos sucedió. Solo el susto. Además los dueños de la gomería eran amigos de mi padre y todavía hoy lo siguen siendo. Faltaban tuercas, pero mi viejo lo subsanó como en las épocas de gloria del TC (Turismo Carretera) tomó prestada una tuerca de las otras tres ruedas.

Nunca pudimos descubrir qué pasó con las ruedas. Ambos, mi padre y yo, habíamos ajustado todas las tuercas de las cuatro ruedas. Mi viejo las había sacado para pintarlas. Un misterio que no pudimos resolver y la Estanciera de protagonista.

La foto de la Estanciera es una gentileza de Coche Argentino: http://www.cocheargentino.com.ar/

Mauricio Uldane
Editor de Archivo de autos