Lenguaje claro

domingo, 2 de julio de 2017

Silenciador lubricado

¿Conocían este silenciador con alemite? Cosa rara si las hay en el mundo de los accesorios para el automóvil en la década del sesenta. Según su fabricante el alemite impedía la oxidación del silenciador, el principal enemigo del caño de escape de un auto.



La empresa fabricante del silenciador Santo, que además lo colocaba, era La Casa del Caño de Escape de la avenida Andrés Baranda 333 de la ciudad de Quilmes o en la calle Dante Alighieri 10 de la ciudad de Wilde, ambas ciudades, de la provincia de Buenos Aires.

También se lo podía adquirir en El Palacio del Escape ubicado en las Calles 67 y 11 de la ciudad de La Plata, la capital de la provincia de Buenos Aires. El aviso agrupado mencionaba que presentando el ejemplar de la revista Parabrisas realizaban un descuento de 100 pesos moneda nacional. La moneda en circulación en el año 1965.

Este particular silenciador, llamado Santo, poseía un alemite justo a la mitad de su largo, para poderlo engrasar. De esta forma evitar la oxidación, que era la principal causa de su deterioro en los motores nafteros. Producto de la condensación de agua en su interior.

Según el fabricante la construcción de este particular silenciador mejoraba el desahogo del motor, como su rendimiento. Habrá que ver si era así realmente o solo una manera de vender el producto en el mercado argentino.

Este aviso publicitario era parte de la sección “Novedades a través del parabrisas” de la revista Parabrisas número 58 del mes de septiembre de 1965. Con la publicidad del silenciador Santo terminamos la temática “silenciadores de antaño” que arrancamos con el silenciador Nosonic. Otro fin de semana de la sección “Accesorios y algo más” con aquellos productos que se podían conseguir en el mercado argentino del automotor. La semana que viene una nueva temática para descubrir.

Mauricio Uldane
Editor de Archivo de autos

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