Lenguaje claro

domingo, 21 de junio de 2015

La evolución del volante

Los volantes no fueron, en sus inicios, como los conocemos en nuestro tiempo, en este siglo XXI. Ni siquiera tuvieron la forma circular que ahora presentan. Para que vean cómo eran esos primeros manubrios, una mejor definición, haremos un viaje por la historia de los volantes a través de fotografías y dibujos.

Vemos el volante del primer automóvil de vapor de De Dion-Bouton del año 1883.
La fotografía es de la Enciclopedia Autorama del año 1968.


En un principio los volantes no eran eso, sino que eran palancas o manivelas o manubrios. Convivieron mezclados y recién comenzado el siglo XX los volantes empezarán a mostrarse, dentro de los automóviles, de forma circular. Y la madera será uno de los principales materiales con el cual fueron confeccionados, pero no será el único en usarse.

Los primeros automóviles ni siquiera eran llamados de esa forma, sino que se decía de ellos que eran carruajes sin caballos. Muchos de esos primeros autos no tenían volante sino que presentaban un manubrio de las más diversas formas. Algunos se parecían al manubrio de una motocicleta, que ya existían a finales del siglo XIX, o tenían una forma curva y por eso se lo denominaba “cola de vaca”. En el extremo, del lado del conductor, presentaba una empuñadura de madera.

El Nesselsdorf 9 HP, primera denominación de la marca Tatra, del año 1899
con manubrio tipo motocicleta. La fotografía es de la Enciclopedia Autorama del año 1968.

Pero también convivieron en los primeros años volantes chicos de madera con rayos de metal con una manivela en una parte del círculo. Algo similar a lo que presentan algunas máquinas viales o agrícolas y es para facilitar, en alguna maniobra, dar muchas vueltas en forma más cómoda. También hubo volantes dobles, uno encima del otro separado por un espacio. Todos estos ubicados en forma perpendicular con el piso del automóvil primitivo.

Más tarde, y ya entrando en el siglo XX, los volantes se comenzaron a unificar como los conocemos, de forma circular, pero con un tamaño mucho mayor. Esto se aprecia notablemente en los viejos autos de carrera donde incluso esos volantes llegaron a ser de bronce con un peso notable. Esos “volantes deportivos” podían estar recubiertos con tiras de cuero o caucho. Así fueran de madera o metal casi siempre con cuatro rayos todos ellos. Esos volantes fueron casi los únicos, con esa configuración, que se usaron en todo tipo de automóviles o vehículos de carga.

Oldsmobile 7 HP Runabout con el manubrio tipo “cola de vaca”. Este automóvil se
fabricó entre los años 1900 y 1904. La fotografía es de la Enciclopedia Autorama del año 1968.

Los primitivos camiones, con sus ruedas de goma macizas, solían tener volantes enormes que ocupaban casi la mitad de esas pequeñas cabinas, muchas de ellas al descubierto o con un techo de lona. La madera fue el material más usado para confeccionar el aro que unía los rayos de metal en aquellos primeros volantes.

Otros compañeros de esos primeros volantes fueron el acelerador de mano y el avance del encendido. Muchos automóviles lo tuvieron por años hasta la década del treinta. Uno de aquellos autos que tuvo estos dos “bigotes” fue el famoso Ford A para los argentinos. Pero no solo este automóvil de origen estadounidense los tuvo, era una condición de la mayoría de los autos de la época.

Volante de un Ford T del año 1922 con el acelerador de mano ubicado por debajo.
La fotografía es de la Enciclopedia Salvat del Automóvil del año 1974.

Incluso hubo intentos de poner más cosas en los volantes como un anticipo a las funciones que cumplen en muchos autos modernos de este siglo. Como un anticipo, en varias décadas, al avance de la electrónica. El botón de la bocina eléctrica será otro compañero de los viejos volantes de todo tipo y ubicado en el centro. Antes las bocinas eran de aire y se accionaban con una pera de goma. Pero también las hubo con botón al lado del conductor con un funcionamiento similar a una sirena.

Las columnas de dirección eran largas y perpendiculares al piso de la carrocería en los primeros automóviles. Pero luego comenzarían a inclinarse gradualmente. Pero los volantes seguían siendo enormes comparados con los actuales. Era una época donde los metales nobles estaban presentes en especial en las marcas más lujosas. Así que el bronce estaba muy presente en esos viejos volantes.

El puesto de conducción del Alfa Romeo 6C 1500 fabricado entre los años 1927 y 1929. Se pueden apreciar las dos palancas sobre el volante del acelerador de mano y del avance del encendido. La fotografía es de la Enciclopedia Salvat del Automóvil del año 1974.

Cambiaron los revestimientos de los volantes y pasaron a ser más amigables con las manos de los conductores, que lentamente dejaron de usar guantes para poder sujetarlos. Más tarde los veríamos nacarados de diferentes colores o haciendo juego con el tapizado. ¿Se acuerdan de los volantes de los colectivos porteños?

Para los años treinta algunas automotrices comenzaron a colocar en la columna de la dirección la palanca de cambios. De ahí los autos con palanca al volante que llegaron hasta la década del setenta y luego volvieron al piso como en el principio de la industria automotriz mundial.

Volante de un Chevrolet Master De Luxe Sedan dos puertas del año 1938. La fotografía fue
tomada en el encuentro organizado por La Barra de Clásicos de Hurlingham el 26 de abril de 2015.

Pero también en el volante de algunos viejos automóviles estuvo el comando de la luz de giro como en el Mercedes-Benz 170. El mismo aro que accionaba la bocina hacía accionar las luces de giros en ambos sentidos. Para entonces las bocinas dejaron de tener un botón central, más o menos grande, según el volante y el auto, para pasar a ser accionadas por los famosos aros cromados de las más diversas formas.

Fueron años donde un impacto de frente hacía que el conductor quedara sobre el bendito aro metálico accionando la bocina. Las cosas cambiaron un poco con el devenir de las décadas. En la gran mayoría de los autos modernos la bocina se acciona con una palanca en la columna de dirección. Si de palanca hablamos, sobre la columna de dirección, las hubo, y las hay, para encender las luces, colocar la luz de giro, hacer cambios de luces o accionar el limpiaparabrisas.

Volante de un Mercedes-Benz 170 con la luz giro en el mismo aro de la bocina.
La fotografía fue tomada de Internet.

A finales de los años cincuenta en Estados Unidos comenzaron a colocar en el volante un botón que accionaba la velocidad crucero. No era otra cosa que trabar el acelerador de pie a una determinada velocidad. Por ejemplo a 100 kilómetros por hora. Dada la geografía del país del norte con rutas de costa a costa se podía caminar kilómetros y kilómetros sin tocar el freno para nada. Por eso inventaron ese artilugio técnico. Con el correr de los años se volvió electrónico.

Pero no nos adelantemos a la evolución del volante. Sin el cual no nos sería posible manejar nuestros autos. Los volantes se hicieron más lujosos y llenos de cromados e insignias. Para los sesenta la ola deportiva lo invadió todo y tener un volante deportivo era lo mejor que podía tener nuestro auto. Muchos recordarán la marca Sandrini, hoy muy apreciada por los amantes de los autos clásicos argentinos. Esta empresa proveyó de volantes a varios modelos de autos deportivos argentinos que salían de fábrica con un volante Sandrini.

Volante de una cupé convertible Ford del año 1947. La fotografía fue tomada en el
encuentro organizado por La Barra de Clásicos de Hurlingham el 26 de abril de 2015.

Los italianos con sus deportivos pusieron el mejor “glamour” a la hora de diseñar los volantes. Esos que nos vienen a la mente enseguida: de madera con pintitas blancas y los rayos de aluminio con agujeros de diferentes medidas. Un clásico para un auto clásico y deportivo de la Italia de los años sesenta. En el medio el botón de la bocina con el emblema de la marca. Es como una postal de aquellos años idos.

De aquellos volantes finos fuimos pasando a un engrosamiento y al uso de mejores revestimientos. Con mejor agarre para usarlos sin guantes. Porque aquellos clásicos volantes deportivos italianos eran para manejar con guantes, en realidad mitones, de gamuza y tela perforada color blanco o crema. En otra postal como salida de una película italiana rodada sobre una ruta de montaña.

Volante deportivo de la marca D.M.A. fabricados en Argentina para diversos modelos de autos
nacionales. Foto tomada de un aviso publicado en la revista Parabrisas número 82 de octubre de 1967.

Comenzaron a aparecer materiales sintéticos con acolchados que nos daban mayor seguridad en el agarre del volante. Más confort de marcha al ser de un mayor espesor el aro. Aro que ya había dejado de ser de madera para pasar al acero recubierto de diferentes materiales.

Junto con el engrosamiento del aro los centros comenzaron a ser más anchos y con acolchados para amortiguar el golpe en caso de colisión. También desde los setenta muchos automóviles, en especial los de lujo, trajeron volantes regulables en altura. En especial la marca Cadillac pionera en este tipo de adelantos de confort. Luego esto terminaría de bajar a modelos más baratos. Más tarde se pudo regular no solo la altura, sino la profundidad del volante.

Volante de la cupé BMW 628 CSi del año 1983. La fotografía esta
tomada de un folleto de la empresa BMW AG de febrero de 1983.

En realidad la que se movía era la columna de dirección. Dicha columna comenzó a ser de seguridad, dividida en varios tramos, para no clavarse en el pecho del conductor. Desde los setenta comenzaron a colocarse, en prototipos, bolsas de aire, o air bags, dentro de los enormes volantes. Una de las empresas pioneras en este elemento de seguridad pasiva fue Daimler-Benz. Para la década siguiente las grandes marcas europeas adoptaron el air bag para el conductor. Lo mismo pasó con las marcas estadounidenses. La seguridad pasiva y activa había dejado de ser para prototipos y se comenzó a aplicar en autos de calle.

Desde mediados de la década del ochenta la electrónica tomó por asalto al automóvil y el volante no podía ser la pieza mecánica excluida. Control de velocidad, temperatura del habitáculo y hasta los controles de la radio tuvieron, y tienen, sus botones en los volantes modernos. Estos bisnietos de las primeras manivelas están muy lejos de parecerse entre sí. Pero siempre sirvieron, y sirven, para la misma función: conducir las ruedas delanteras hacia donde se lo indiquemos con el giro del volante.

El futuro está por escribirse pero, a mi humilde entender, el volante puede desaparecer. No a corto plazo pero si en unas décadas por delante el volante, o desaparecerá del habitáculo, o podrá transformarse según la necesidad del conductor. No estamos tan lejos de autos que se manejen solo. La pregunta es ¿para qué queremos un volante? La respuesta desde esta etapa primitiva, que no toca vivir, es: para sentir el auto cuando lo manejo. Pero tal vez eso esa justamente un hecho histórico. La evolución de la humanidad se habrá comido otro oficio: el de conductor.

Mauricio Uldane
Editor de Archivo de autos



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