domingo, 1 de junio de 2014

Yruam, un auto argentino

Emmanuel J. Maury fabricó en el año 1927 un automóvil desde cero. Hizo todas sus partes en el país. Un automóvil totalmente artesanal y argentino. Hoy conoceremos algunos detalles de ese auto y adonde fue a parar.

Yruam de 1927. Foto de la revista Automundo 
número 60 del 29 junio de 1966.


El Yruam, Maury al revés, fue la creación de Emmanuel J. Maury francés de nacimiento que arribó a Argentina en el año 1910. Su profesión era mecánico de aviación y arribó al país un año antes que llegara el primer avión. En un principio se dedicó a ejercer su profesión, junto a compatriotas, que llegaron a Argentina para desarrollar la aviación.

Más tarde pasó a ser jefe de los talleres de la firma Fevre que años más tarde se convertiría en Fevre y Basset con larga trayectoria junto a la empresa Chrysler en el país. Luego Maury se independizaría con su propia industria que atendía a motores de aviación o de automóviles en forma indistinta. El taller estaba ubicado en la calle Jujuy al 300 de la ciudad de Buenos Aires.

Ahí tal vez nació su deseo de realizar un automóvil totalmente artesanal. Lo lograría en el año 1927 y llevaría por nombre Yruam. Un automóvil que presentaba muchas soluciones modernas o de avanzadas para finales de la década del veinte.

Tablero del Yruam de 1927. Foto de la revista 
Automundo número 60 del 29 junio de 1966.

Maury tuvo claro que su automóvil no sería un prototipo, ni para ser realizado en serie. No aspiraba a eso. Pero si a patentarlo como de producción nacional que recién lograría en el año 1936, 9 años más tarde y tras sortear una montaña de dificultades de todo tipo.

Maury había sido representante de la marca francesa Rolland-Pillain para Argentina hasta el año 1926 cuando cerró sus puertas, tras la producción del modelo Grand Prix 8 cilindros. Tal vez esto inspiró a Maury para desarrollar su propio automóvil de gran turismo, que era en definitiva el Yruam. Ya que su motor era de 8 cilindros en línea con una cilindrada de dos litros.

Un motor de 8 cilindros en línea no nos parece moderno pero para cuando Maury lo desarrolló era habitual ese tipo de disposición de los cilindros en varias marcas europeas y estadounidenses. El motor V8 recién terminaría de imponerse unos 10 años más adelante.

Motor del Yruam de 1927. Foto de la revista 
Automundo número 60 del 29 junio de 1966.
Pero lo que tenía de avanzada el Yruam eran sus frenos mecánicos de accionamiento en las cuatro ruedas. No todos los automóviles de su época tenían frenos en las cuatro ruedas. Lo normal, en muchas marcas, era frenos solo en las ruedas traseras. Lo más novedoso para un automóvil de calle era su caja de velocidades de cinco marchas hacia delante.

Volvamos al motor de 8 cilindros en línea que tenía árbol de levas a la cabeza. Esto era casi exclusivo de los autos de carrera. Como las válvulas en la cabeza, en esos años la mayoría de los motores presentaban válvulas laterales. Otro alarde de lo avanzado del Yruam. Los pistones eran de cabeza hemisférica con calce para las válvulas, tanto la de admisión como la de escape.

El encendido era por doble magneto como se usaba en los autos de carrera y gran turismo de los años veinte. Esto permitía un mejor encendido que el sistema por bobina que usaban los autos de calle. Aunque todavía no estaba extendido este tipo de encendido.

El Yruam en la donación al Museo del Automóvil Club Argentino.
Foto de la revista
Auto Club número 30 del 
bimestre agosto-septiembre de 1966.

El cigüeñal fue torneado integralmente por Maury partiendo de un trozo cuadrangular de acero y el árbol de levas también fue una realización propia con las muescas hechas a fuerza de usar la lima. Los engranajes del diferencial fueron realizados con una máquina que el propio Maury desarrollara.

Así los engranajes helicoidales fueron de la inventiva de este emprendedor francés que llegara al país como un técnico dedicado a los novedosos aviones. Esto demuestra que este hombre estaba en la ola de lo que vendría en el futuro cercano. La aviación estaba en completa expansión en todo el mundo y marcaba, a veces, el rumbo a seguir en la industria automotriz.

Cuando contaba con 81 años, para el año 1966, Maury donó su Yruam al Museo del Automóvil Club Argentino, que está ubicado en la ciudad de Luján en la provincia de Buenos Aires. Allí permanece para que las nuevas generaciones puedan apreciar lo que se realizó en Argentina con esfuerzo, dedicación y pasión.

De izquierda a derecha: Raúl Riganti, Federico Monjardin, el ingeniero 
Mario L. Negri y Emmanuel J. Maury en el acto de donación del Yruam en 1966. 
Foto de la revista Auto Club número 30 del bimestre agosto-septiembre de 1966.

Luego viene la discusión si el Anasagasti fue el primer automóvil argentino, o el realizado en la ciudad de Campana, o el Yruam de Maury. Particularmente creo que son cosas diferentes. Anasagasti sin tener un vehículo 100 por ciento argentino logró concretar una escueta producción. A diferencia de los únicos ejemplares de los otros dos autos. De todas formas el inicio de la verdadera industria argentina se sitúa a finales de la década del cuarenta con el nacimiento de Automóviles Argentinos SA (Autoar).

Para el desarrollo de la industria automotriz estatal, con IAME (Industrias Aeronáuticas y Mecánicas del Estado), tendremos que esperar hasta 1951. Pero eso es otra historia que tendrá diferentes consecuencias para la economía de Argentina.

Un acercamiento a ese auto de gran turismo que desarrolló un técnico francés, radicado en Argentina, con muchas ganas de hacer algo productivo en el país. La pregunta final es: ¿qué hubiera pasado si el Yruam lograba entrar en producción seriada en el país? La incógnita queda en el aire y tal vez nunca tengamos una respuesta adecuada para resolver una compleja situación económica e industrial.

Las fotografías que acompañan esta nota histórica fueron tomadas de las revistas Automundo número 60 del 29 junio de 1966 y de Auto Club número 30 del bimestre agosto-septiembre de 1966.

Mauricio Uldane
Editor de Archivo de autos



Archivo de autos es armado en un ciber por falta de recursos económicos, no por una política editorial.