lunes, 5 de noviembre de 2012

La historia de como llegó el Hupmobile a mis manos (o yo a las de él...)


Año: 1988
Lugar: Hurlingham, Buenos Aires.

Personajes:

Mi Padre, (Ángel Carlos Piano, “Carlos” como lo llamaba mi madre porque le gustaba mas que Ángel,  o "Pocholo", como lo llamaban allá en Zapiola, partido de Lobos, su pueblo natal y donde depositó gran parte de su historia y su alma). 
Yo, Guillermo, mismo origen solo que... nací en General Las Heras, (porque allí estaba la partera, a la cual le tenía confianza mi familia.... y allí fui “anotado”, pero toda la familia era y es de Lobos).
Hupmobile Century Six Sedan dos puertas de 1929.


Hay algunos personajes más, que con el tiempo se irían sumando a esta historia…, “Mi historia”...

Desde muy chico, anduve junto a mi "viejo",  en el campo, en su trabajo… y compartía su pasión por los autos, la velocidad y las buenas personas...

Era yo, a esta altura de la vida, ya un tipo grande, (36 años y dos hermosos hijos, la nena de 3 y el varoncito de 1 año mi esposa y amiga de toda mi vida, (hasta hoy…), una casita hecha con muchos sacrificios (sobre la de los viejos), un buen auto y un buen laburo... casi todo lo que hace falta para decir: “¡Tengo todo... soy feliz!”.

Pero.... como casi siempre pasa.... llegó la noticia...

El viejo tenía su primer "nana" en toda su vida… y era serio…

Luego vinieron los médicos, tratamientos…,  incertidumbres... los médicos conocidos... otros tratamientos,  más dudas... los "Capos" en el tema,... la cirugía...

Y para mi pobre viejo, la imposibilidad de seguir con su trabajo....
(Mi Papá era carnicero, pero de los de verdad.... de los que creían que su trabajo era darle a la gente lo mejor que se pudiera para comer, de los que jamás, pesaron mal para ganar bien... para que se den una idea, de lo prolijo y limpio que era atendía su boliche de ¡corbata!)

Don Carlos fue un personaje conocido y querido por sus clientes y vecinos... Pero, (bolsa de colostomía, y algunas restricciones médicas, como no esforzarse... etc. etc.), ¡no podía seguir trabajando!

Un día me dice que andaba buscando un "Chumbo" porque el no podía ser un inútil ni un  lastre para la familia....

(El pensaba que su misión en esta vida era mantener la casa, educar en la honradez y la decencia a sus hijos, y proveer lo que se necesite en la casa...)
Y ya no podía. Ya no tenía motivaciones... para seguir viviendo.
¡Como sacarle aquello de la cabeza!
A mí se me ocurrió.
Necesitábamos que se "enganchara" en algo, que lo apasionara..., y lo hiciera sentir vivo… y necesario...
Ya está:
¡Si lo que más le gustaba era el TC y los autos viejos!
¡Si lo que más le gustaban eran los autos!
¡Si sabía muchísimo de autos!

Ese era el ¡"Negocio”!, el sería el "Encargado" de conseguir la materia prima.
El ¿"Negocio”?
En sociedad, (luego se sumaría el que en ese momento era mi cuñado…) íbamos a comprar autos antiguos, los restauraríamos y los venderíamos.... (Fácil y ¡brillante negocio!).
Fue proponerlo y que se entusiasme... le comprábamos el "Clarín" todos los días, y cada tanto el venía a  comprobar con nosotros la "Ganga" que había encontrado.... un par de Ford A, una coupé 38 (Como la que el tuvo la “Petitera”, que era de TC y corrió solo en un par de ocasiones).

Hasta que un día, Papá me dijo….
“Mirá, en San Martín (aquí cerquita) venden un auto, que si es lo que yo pienso…, en  sus tiempos era hermoso y de Lujo, un Oldsmobile 1929”.
(El aviso decía Hupmobile, pero mi padre decía “que seguro estaba mal escrito, que era un error de ortografía”, ya que el no conocía la marca).

Fue a fines de Mayo de 1988; allá fuimos. A San Martín, calle Echeverría al 2000, y allí nos atendió, muy osco… un señor mayor y muy con cara de pocos amigos….
¡¿“Ustedes que son”?! Preguntó, ¿“Reventas”?, ¿“Repuesteros”?, ¡¿“Coleccionistas”?!, ¡¿que piensan hacer con el aut0?!
“¡Como que si es un OLDSMOBILE”!
¡Dice clarito que es un HUPMOBILE!
¡Ustedes no saben nada de autos antiguos!
(Que razón tenía…, pero, que herida para el orgullo de los tres….)

El hombre no tenía forma de saber, que no había intención seria de comprar su auto…, Ni los pesos, por lo cual yo decidí seguirle la parada, puede ser que no conozcamos la marca, pero usted no puede saber si no somos compradores, le dije, y a regañadientes accedió a mostrar el auto. (Hasta ese momento nos había atendido por la ventanita de la puerta… ¡sin abrir!
Nos hizo pasar…. Por acá  dijo… en el galpón…. Y cuando abrió la puerta…. Sobre cuatro troncos descansaba… majestuoso… un enorme (así me pareció en ese instante…) ¡Cuadrado!

No pude evitar que se me escapara un “¡Que hermoso auto!” (Cosa que jamás diría un astuto (y serio…) comprador de autos antiguos).
Y creo que esas palabras… Fueron las que desencadenaron  el final de esta historia.
¡¿Qué donde lo fabricaron?! ¿De qué color era? (Estaba todo “gris” con impresión y listo para pintar y según el dueño (Don Nicolás a esta altura) sin una gota de masilla…

Que sí… que no…, que vale como 5.000 dólares pero hagan una oferta seria y yo la escucho…que lo que quiero es comprarme un Falcon “lindo”, que funcione y más o menos en eso se puede conseguir, que mis hijos  no lo quiere… ¡que tráiganme el Falcon y se lo llevan! Pero don Nicolás… no tenemos un Falcon y menos así…como usted lo quiere…

Y nos volvimos, comentando que lindo estaba el auto, que cabrón el dueño…, pero no pasó de allí , la plata era mucha, el proyecto poco serio, y necesitábamos todo lo que hubiera para el tratamiento del viejo… con “Crotoxina”(¡se traía de afuera y se pagaba en dólares¡) y además… , era una inconciencia. (Igual le dejé mi número de teléfono a don Nicolás)

En casa todo siguió igual, el viejo andaba bien…. Y don Nicolás llamó como a los tres meses…y Guillermo… ¿Juntaron la plata?
No don Nicolás, mire…y le conté porque habíamos ido a ver el auto……

Me dijo ¡yo quiero que ese auto lo compren ustedes! Y colgó.
Pasaron algunos meses más y llamo de nuevo… mismo argumento… y agregó que: “yo lo quiero seguir viendo al auto, y lo quiero ver como cuando era nuevo, ¡sé que ustedes lo van a conservar!

¡Final del cuento!
Varios meses más… en marzo de 1989 llamó de nuevo….
¡Guillermo! me dijo en tono de orden imposible de desobedecer… traigan 1000 dólares y vénganse a buscar el auto… ¡no los espero más! Conseguí un auto para mí y ¡vale eso!

Así que hablamos con mi Papá, juntamos 350 dólares cada uno, (con lo que sobre empezamos un pozo para arreglar el auto…) y allá fuimos…, a comprar el Hupmobile..., (Era el sábado 18 de marzo de 1989 después les cuento porque es una fecha importante)

Llegamos…, timbre…, Don Nicolás salió…, entramos…, pusimos la plata, nos hizo un boleto, abrió una sidra, y brindamos… por el buen cierre de la operación, ahí nos contó que había señado un Di Tella 58, que estaba hermoso y era lo que estaba buscando, un auto livianito,  sencillo y confiable… ¡y moderno!

A esas alturas se había hecho de noche y se me ocurrió decirle…. “Mire Don Nicolás…, quiero pedirle un favor…, se lo podemos dejar hasta ¿el sábado próximo?

¡Si! Dijo Don Nicolás… no hay problema… total lo tuve tanto tiempo en el galpón que tenerlo una semana más, no pasa nada, pero ¡¿por qué?!

Y…, dije… como se ha hecho de noche… para no llevarlo hasta Hurlingham, a la rastra y sin luces… ¡es un poco arriesgado!

¡Pero usted que se cree que le he vendido! Me grita enojadísimo. ¡Yo no soy ningún estafador!  Venga conmigo… me dice más caliente aún… y me saca a los trotes para el galpón…

Allí, nos esperaba el Hupp…  ya sin los troncos y elegantemente parado en sus cuatro ruedas bien infladas, con sus dos auxilios colocados  en los guardabarros delanteros. Los faroles (enormes) y cromados brillaban  instalados en los guardabarros.

¡Sígame! insistió…, abrió la puerta, se sentó…, tiró de una perilla, pisó un “pedalcito” en el piso… y el seis cilindros… de una… sin una sola  tos, ni vacilación, ¡comenzó a ronronear!

Lo pongo así hasta que esté caliente… me dijo… ¡después hay que bajarlo! (Calculo que estaba regulando a unas 600 vueltas, y ¡el quería bajarlo!)

Y siguió… tiró de otra llavecita… y se encendieron ¡todas las luces!

Que sorpresa… que emoción….
Si nosotros, ni sabíamos que motor tenía… ni si andaba….
Creíamos, que le faltaba ¡todo lo que no vimos!
En un cajón, aquí detrás del asiento están todas las cosas delicadas que yo le saqué y numeré para cuando manden a cromar, nos dice…
Y atrás en el baúl…, que yo le hice… van muchos repuestos que conseguí y guardé, espero que no hagan falta, pero todo está allí…Y es de ustedes.

Así nos volvimos… en el Hupmobile (que después sabríamos...) que era: un “Century Six, Sedán de dos puertas para cinco pasajeros” como decía el catálogo de modelos… con ruedas “Luxury” (llantas con aro, (como los camiones…) de rayos de alambre con nicles (72 rayos por rueda), y rodado 550-525 x 19.
¡Andando, (y frenando), con las luces encendidas y haciendo sonar la bocina llegamos a casa!
Todo para que en la puerta… mi mujer dijera las famosas primeras dos palabras que lo definían todo: “¡¿ESO COMPRARON?!”

Lo demás es muy común… pusimos unos pesos… lo pintamos… (Quedó hermoso) Pusimos muchos más pesos…, lo tapizamos… (Un sueño).
Llegó a su taller de pintura andando…, se volvió igual…, llegó al tapicero (en Capital) andando…, volvió igual....
Y hasta esta semana, no dejó de ir y volver a todos los lugares a que lo invitamos…
(Además mi viejo…, desde arriba está cuidando que al Hupp" no le pase nada malo, como a mí…)

Es domingo 19 de marzo de 1989, tempranito un día hermoso, fresco  y soleado, salimos de casa, apretando en los bolsillos las invitaciones especiales que nuestro amigo Hugo, (Personal Jerárquico de Ford Motors Argentina) nos consiguió, rumbo al autódromo con Papá que va emocionado por los ¡acontecimientos!

Ayer trajimos el auto antiguo a casa y hoy estamos yendo en él, al mayor homenaje, que su ídolo de toda la vida, ¡vaya a recibir!
Hoy le impondrán su nombre al escenario más tradicional de todo el país, hoy le ponen al Autódromo, el nombre de Oscar Alfredo Gálvez, su admirado y querido “Aguilucho”.
Que les puedo decir, no hay casualidades, hay causalidades, ¡¿saben que pasó allí?!

Gracias a que fuimos con el "Hupp", pudimos entrar a boxes, y luego mi viejo querido se sentó en la tribuna oficial a la cual accedimos en virtud de la calidad de las invitaciones que nos obsequiaron… ¡necesitaba sentarse!, mi viejo estaba algo cansado,… estaba algo flojo ya… y Oscar también….

¿Y saben qué? Oscar se sentó al lado de mi viejo…. ¡Sí! ¡Justo a su lado!
Y se saludaron y hablaron un rato…. Hasta que la ceremonia comenzó y  ya no pudieron charlar más, tenían que atender a las autoridades que agasajaban a ¡Oscar!

Un tiempo después (unos 6 meses), mi Papá…. Se fue en silencio, sin sufrimientos…. Conmigo tomado de su mano hasta el último suspiro…, nos dejó… y no supo…menos mal, sino… ¡que triste se hubiera puesto!

Que tres meses después, el 16 de diciembre. También partiría hacia donde él está, su querido ídolo… Oscar.

Estoy seguro que se encontraron… que siguen hablando de carreras… de caminos… de fierros… de viejas glorias…, de epopeyas…
¡Como yo!

Aún ahora…, yo…, los mantengo…, calentitos… muy vivos… muy dentro de mi corazón que gracias a ellos… ¡Sigue siendo fierrero!

Guillermo Piano


Nota del editor: he vuelto a dejarle la pluma por un rato a otros escritores de relatos en este caso un integrante de La Barra de los Clásicos de Hurlingham.