martes, 24 de abril de 2012

El Citro

Corrían los setenta. En Rosario había dos Citroën 3 CV color verde loro fácilmente reconocibles. El del negro Fontanarrosa y el mío. Yo se lo había comprado a Tito Arancibia, locutor y compañero, por aquellos años, de la que fue LT2 Radio Splendid.

El Citroën 3 CV de Quique Pesoa.
Maravilloso autito. Muy querido. Recuerdo una piedra que cayó y le agujereó todo el techo de lona engomada. Luego, cuando pegó el sol, las perforaciones se volvieron hacia afuera dando la impresión de que a alguien se le había escapado un escopetazo desde el interior.

Una mañana, salía yo rumbo a la radio. Me subí, lo puse en marcha, coloqué primera, solté el pedal del embrague y, a pesar de escuchar el ruido del motor acelerando, el auto estaba inmóvil, mejor dicho, el paisaje urbano no discurría a mi lado. Me bajé azorado y comprobé que, durante la noche, me habían afanado las cuatro ruedas y el Citro descansaba muy orondo sobre cuatro prolijos tacos de madera. Pero la p...

Ya en aquellos años, acostumbrábamos a hacer una "carneada" anual durante el invierno. Tocó realizarla en el campito del Pato Sullivan, personaje del pueblo Lucio V. López, gran conocedor de caballos y padre de Mate, amiga de toda la vida. La chancha víctima de nuestro rito, se encontraba en otro pueblo, Aldao, al que se accedía, desde la casa del Pato, por unos inhóspitos caminos de tierra. Allá fui con el 3 CV a las cinco de la mañana. Calor, no hacía nada. Pleno Julio.

Inenarrables los esfuerzos para, en medio del barro pegajoso del chiquero, enlazar a un animal de mas de cien kilogramos de peso. Inútil fue tratar de convencerlo de subir a la parte trasera del Citro a la que le había retirado el asiento correspondiente. Hubo que manearla, atarle un alambre en el hocico y subirla a pulso. El asiento retirado descansaba sobre el techo del móvil.

Noche cerrada aún, emprendí el camino de regreso al campito. Luego de curvas y contra curvas recordé que no había asegurado el asiento. Bajé para hacerlo pero, tarde piaste, ya no estaba más ahí. Vuelta atrás a rescatarlo de una profunda cuneta. Continuó el viaje.

De repente siento un hocico detrás de mi oreja derecha... La chancha se había soltado y habíase puesto de pié. Imagínense mi susto y preocupación. Manoteé un 38 Smith and Wesson del especial, como el de Pedro Navaja, y me dije... si la cosa se pone fea, la despeno aquí no mas y arruino la carneada de la fecha. No fue necesario. Ocurrió algo peor.

La chancha se ¡¡¡disgració!!! ¡¡¡En el auto!!! No tienen idea de lo que eso significó. Durante años, cuando la humedad arreciaba, revivían los vapores de "eso" que había impregnado hasta la chapa. 

Lo vendí en época de seca. 

Quique Pesoa

Nota del editor: Nuevamente cedo la pluma a Quique para que contara esta anécdota tan graciosa que escuché por primera vez hace muchos años. Eso fue cuando él tenía algunos de sus programas de radio en la ciudad de Buenos Aires. Le pedí que la pusiera en letras y acá está el resultado. Quique está cómodamente instalado en San Marcos Sierras en la provincia de Córdoba donde atiende con Leda, su esposa, la Hostería La Merced.


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