sábado, 13 de febrero de 2016

Patrullero rural Mercury de Matchbox

Cuando era chico lo que más me llamaba la atención de este modelo de Matchbox de la serie King Size era que fuera rural. En Argentina, más precisamente en la ciudad de Buenos Aires, donde nací y me crié, ver un patrullero de la Policía Federal, de este tipo, era insólito. Encima de color blanco. Claro que con el correr de los años aprendería que los colores internacionales para identificar a un vehículo de policía, de un determinado distrito, son el blanco y negro. Como supieron estar pintados en la provincia de Buenos Aires durante algunos años, hasta que el ploteo de las carrocerías llegara para quedarse entre nosotros.



Pero esta Mercury Commuter rural pintada como patrullero de alguna fuerza policial de Estados Unidos estaba lejos, en sus colores, de los clásicos patrulleros celestes y azules de la Policía Federal Argentina, hoy también conocida como PFA. Además para completar la extrañeza tenía un gancho para remolcar encima de su paragolpes trasero.


Como la cupé Mercury Cougar, que vimos hace dos semanas atrás, el gancho de remolque está desproporcionado con respecto a la escala de este modelo de rural Mercury Commuter. Pero era algo que se reproducía en varios modelos de la empresa Lesney para la marca Matchbox, allá por la década del sesenta. Como esta Mercury Commuter de 1967, más o menos.


Este otro “autito de colección” fue uno de los que más jugué. Se nota en algunas cachaduras de su pintura blanca y en el desgaste de las ruedas delanteras que giran, al igual que la ambulancia Mercedes Benz Binz y la cupé Mercury Cougar, modelos ya presentados en la sección “Garage Miniatura” estos sábados de 2016.


Tal vez, no tengo el dato, la Mercury Commuter en su modelo real tuviera la apertura del portón trasero hacia un lado o para abajo. Como pasaba con otros modelos de rurales de la División Lincoln-Mercury de la empresa Ford Motor Company. En el modelo a escala de Matchbox el nombre del modelo está en los laterales traseros antes de la cola de la rural.

La pobre Mercury Commuter recibió los embates de mis juegos en su suspensión delantera, cosa que era similar en la ambulancia Mercedes Benz Binz y en la cupé Mercury Cougar de la serie King Size. Tanto que está caída de trompa. Si fuera un automóvil real debería llevarla para que le repararan el tren delantero…


Es posible que el mecanismo de giro fuera más débil que en otros modelos de la marca inglesa, o la jugué demasiado. Me inclino por lo segundo. Han pasado más de 45 años de vida así que todo es posible en la pobre Mercury Commuter.

Pero lo más importante de todo es que la disfruté mucho. Recuerdo juegos donde era el vehículo de intercepción en una ruta imaginaria. Parada con las puertas abiertas y deteniendo a todos los vehículos que circulaban. Es escribir esto y sonidos e imágenes comienzan a llegar a mi mente. Como esas tardes sobre la mesa del comedor y los juegos inventados sobre la colcha de planchar. Que le robaba a mi tía abuela, que era la encargada de planchar la ropa.


Mesa libro que era de Formica blanca con manchas negras y que alguien en forma distraída había dejado la plancha sobre ella. Lo que generó un aglobamiento del laminado, que era la excusa perfecta para jugar cuando la mesa estaba cerrada. Al abrirla el panorama, o mejor dicho la superficie de juego, se ampliaba con desniveles, armados con la colcha de planchar, cajas, otras telas y demás.

Era como armar un diorama, un poco berreta, pero que servía de más para lo que lo quería: jugar con mi rural patrullero de color blanco. El resto poco importaba, ya que estaba inventando mundos y situaciones que graficaba con los autitos Matchbox. Esos mundos ficticios, en parte, ahora los puedo hacer realidad con mis relatos que se publican domingo por medio.


Esa mesa libro del comedor de la casa que viví en mi niñez no solo sirvió para jugar, comer y planchar. Fue el lugar de estudio durante la primaria y la secundaria. Así que era como el lugar donde todo se unía, donde todo confluía, casi con la personalidad de una persona. Somos, siempre, varias cosas a la vez. A veces pasamos toda una vida sin entender esto. Me costó mis años entender esto. Hoy les puedo decir que soy artesano entelador, administrador de un sitio de autos viejos y juego a ser escritor. En el medio quedan todas las relaciones familiares, lo que ya es bastante para caminar por la vida.

Jugar está íntimamente ligado a la imaginación. Sin imaginación el juego se limita a reglas prefijadas de antemano, como en un juego de mesa o tablero. Que no dejan de ser interesante, atractivos y divertidos. Pero el juego inventado de cabo a rabo nos libera en mente y espíritu. Un espíritu juguetón, que suma una cuota de humor, nos da la pauta que la diversión está asegurada.


Son las válvulas de escape que tenemos los seres humanos, no importa el sexo, ni la edad. El juego debe acompañarnos toda la vida, como el sentido del humor. Creo firmemente que juego y sentido del humor son los mejores socios que nos pueden tocar en la vida. Un chiste colocado en el momento oportuno puede evitar un enojo al pedo. Y si el juego está presente todos nos terminaremos riendo y dándole a esa situación de la vida el valor exacto que tiene: una pavada.

En parte esta sección llamada “Garage Miniatura” apunta a eso. No solo a recordar con nostalgia los “autitos de colección” de nuestra infancia. Sino a redescubrir el juego como una actividad para no perderla y ejercitarla. Como la memoria misma. No se trata de mostrar una colección de autos a escala. Hay mejores sitios en Internet que esta humilde sección. También hay automodelistas con grandes conocimientos, algunos de ellos seguidores de Archivo de autos, por sus diferentes canales digitales, que saben mucho más de los autos a escala que mis conocimientos.


Se trata de no perder la esencia del chico que llevamos dentro y por un rato tirarnos al piso, vieron la facilidad que tienen los pibes y pibas de estar en segundos de rodillas jugando. Claro que muchos de nosotros en esa posición luego necesitamos de ayudar externa para levantarnos y con un dolor de recuerdo por unos días. Gajes de los años vividos, pero de la experiencia acumulada, eso no los quita nadie, como lo bailado.

El próximo sábado se abre nuevamente el “Garaje Miniatura” con otro “autito de colección” de mi infancia que estuvieron guardados en una caja forrada con un papel que tiene fondo rojo con viejas armas del pasado como motivo de decoración. No me pregunten porqué, han pasado muchos años para recordar. Piensen que soy un señor de cierta edad…

Mauricio Uldane
Editor de Archivo de autos

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