domingo, 17 de noviembre de 2013

Una leyenda, una guerra y un auto

Un relato sobre un auto que parecía estar maldito de alguna forma. Las consecuencias que le ocasionó a sus dueños y la guerra que desencadenó en Europa. Un auto de fabricación austriaca que solo trajo muertes y desgracias por doquier.

El Gräf y Stift tipo 28/32 HP doble faeton de 1910 poco antes del 
atentado de Sarajevo. La foto fue publicada en la Enciclopedia Autorama.

Todo comenzó el domingo 28 de junio de 1914 cuando en un atentado murieron el archiduque Francisco Fernando y su esposa Sofía Hohenberg. Sufrieron un atentado por parte de Gavrilo Princip en Sarajevo. El auto en que viajaban era un Gräf y Stift tipo 28/32 HP doble faeton de 1910. Este es el auto maldito de la historia que narraré hoy.

El auto era de propiedad del conde Franz Harrach, su primer dueño, que solía prestárselo al archiduque Francisco Fernando. Como cuando sufrió el atentado que le costó la vida y desencadenó el inicio de la Primera Guerra Mundial. El chofer del Gräf y Stift perdió el rumbo en Sarajevo y se metió en una calle sin salida donde el anarquista servio Princip cometió el atentado ante la ausencia de la escolta del archiduque.

Ilustración del atentado de Sarajevo. 

El Gräf y Stift se quedó en el palacio de Sarajevo y al mes del atentado, el general Oskar Potiorek, encargado del lugar, logró comprar el auto convirtiéndose en su segundo dueño. Parece ser que el hombre sentía mucha atracción por el auto. Dos semanas después de comprarlo, Potiorek, fue derrotado y herido en la batalla de Valiero. Esto le valió la destitución fulminante del ejército. Empecemos la cuenta de los propietarios y la cadena de desgracias.

Un oficial del Estado Mayor fue su tercer propietario. A la semana de tenerlo en su poder un campesino se cruzó en la ruta sin verlo venir y al tratar de esquivarlo se estrelló contra una tapia. El oficial murió en el acto. El Gräf y Stift estaba intacto. Raro ¿no?

Cuando finaliza la Primera Guerra Mundial el gobernador de Yugoslavia se convierte en su cuarto dueño. Tuvo cuatro meses en su poder al Gräf y Stift y sufrió varios accidentes. En el último perdió un brazo. Vendió el auto por un valor muy inferior a la media del mercado de ese entonces. El quinto propietario fue un tal doctor Skirs que en casi seis meses que lo tuvo sufrió un vuelco que le produjo la muerte. El Gräf y Stift volvió a salir indemne.

Simon Mantharides, joyero de oficio, se convirtió en el sexto propietario del auto maldito. Aunque lo compró como un objeto de colección. Por eso el joyero no murió en ningún accidente, sino que a los tres meses de tenerlo se suicidó sin razón aparente.  La viuda de Mantharides sabía de la leyenda que pesaba sobre el Gräf y Stift y en poco tiempo se lo vendió a un médico coleccionista de autos. Su séptimo propietario.

El médico de repente comenzó a perder a los pacientes y la falta de recursos económicos no se hizo esperar. Antes que la cosa empeorara se lo vendió a un suizo. Así el octavo dueño, que no era supersticioso se hizo del auto maldito. El suizo conocía la leyenda pero no se lo adjudicaba al azar y no al auto. Por supuesto que el Gräf y Stift le demostraría lo contrario. Al estrellarse contra un muro, un clásico para el auto, se mató. El auto solo unos raspones en la pintura de su carrocería. Heridas de guerra, diríamos.

El nuevo propietario, el noveno, fue un coleccionista de Sarajevo. Ya toda una marca de dueños muertos o lesionados. Pero este tiene la situación más extraña. Circulando por un camino el Gräf y Stift se detuvo. Siempre hay alguien solidario y ese fue un campesino que le propuso al coleccionista remolcar el auto con su carruaje de bueyes.

Sin ninguna explicación al auto arrancó, atropelló al carro y los bueyes. Terminando por caer en un terraplén. En el derrotero macabro mató al coleccionista. El décimo propietario fue Tiber Hirshfield que tenía un local de autos de alquiler. Lo reparó y el cambió el color, suponiendo que esto alejaría, a modo de exorcismo, la maldición sobre el Gräf y Stift. Lo pintó de azul o azul claro según otras versiones. Así tapó el color negro que ostentaba de fábrica.

Un día llevando a seis personas rumbo a un casamiento chocó contra un auto que circulaba en sentido contrario. Cuatro pasajeros murieron en el acto y uno de ellos era Hirshfield. Otro muerto en la lista del Gräf y Stift.

El Gräf y Stift en el Museo Histórico Militar de Viena, Austria. 
La foto fue publicada en la Enciclopedia Autorama.

El undécimo dueño fue el gobierno austriaco que lo compró para exhibirlo en el Museo Histórico Militar de Viena y de paso restituirle su color original, que tenía cuando se produjo el atentado de Saravejo. Pero no termina ahí la saga de desgracias entorno a este auto maldito. Durante el transcurso de la Segunda Guerra Mundial los intensos bombardeos que sufrió la ciudad de Viena, a manos de las fuerzas aliadas, redujeron a escombros el museo. ¿A que no saben quien se salvó? Sí, el Gräf y Stift de nuestra historia. Ahí estaba entre los restos del museo sin un solo rasguño.

El Gräf y Stift con su patente. 

Como colofón a esta historia trágica de un auto les cuento que su patente era A III 118. La fecha que se firmó el armisticio por el fin de la Primera Guerra Mundial fue el 11 de noviembre de 1918. Si tomamos a la letra A como armisticio tenemos detrás la fecha exacta de la firma del acuerdo de cese de hostilidades. Otro dato: fueron 11 los propietarios del Gräf y Stift. Todo puede ser una sumatoria de casualidades o historias inventadas. Pero lo cierto que este auto austriaco estuvo siempre rodeado de desgracias y muertes.

¿Será todo una gran casualidad?


Mauricio Uldane
Editor de Archivo de autos