martes, 17 de enero de 2012

El Chevrolet Super de 1965

General Motors Argentina presenta a principios de año 1965 su modelo Chevrolet Super que traía cambios en su trompa y cola.

Perfil de la trompa del Chevrolet Super 1965. 

Para empezar los faros habían sido incorporados a la nueva parrilla que tenía sus molduras horizontales. También habían cambiado los faros de posición, ubicados en el paragolpes delantero. Ahora eran de color ámbar como en los Estados Unidos.

La cola mostraba una nueva bagueta cromada a todo lo ancho que contenía dos faros rojos, luces de posición y stop y dos faros blancos de la luz de retroceso. La parte superior del guardabarros trasero estaba coronado con una bagueta que arrancaba en la puerta trasera y finalizaba en la cola del Chevrolet Super.

Perfil del Chevrolet Super 1965.

Los asientos enterizos eran de nuevo diseño completamente diferentes a los años anteriores. El tablero traía una bagueta cromada en su parte inferior y contaba con medidores de aguja en reemplazo de las luces de idiota. Salvo estos cambios el tablero era igual a los modelos de años anteriores.

Vista del la nueva parrilla del Chevrolet Super 1965.

Por otra parte la superficie superior del tablero venía con un acolchado que evitaba los reflejos innecesarios sobre el parabrisas del auto. Además de cumplir con el resguardo de golpes por parte de los pasajeros del Chevrolet Super. Lejos estaban estos autos compactos de la industria estadounidense en traer bolsas de aire (air bag) o cinturones de seguridad inerciales. Eso era ciencia ficción para fines de los años ’60.

Vista de la cola con los nuevos faros rojos y blancos.

Según la revista Automundo número 2 del 8 de abril de 1965 este modelo de Chevrolet Super era igual a su par estadounidense y incluso General Motor Argentina ofrecía más detalles que su hermano del país del norte. Habrá que creerles a los periodistas de la revista Automundo.

Interior del Super 1965 con el nuevo asiento delantero.

El motor del Super era de 3.769 centímetros cúbicos con 6 cilindros en línea y una potencia estimada de 125 HP a 4.400 revoluciones por minuto. La relación de compresión era de 7:1, lo que todavía permitía circular con nafta común sin pistonear. Este motor traía 7 cojinetes de bancada en su cigüeñal y válvulas a la cabeza.

Detalle de la suspensión delantera independiente.

Como todo auto compacto yanqui la caja de velocidades era de 3 marchas hacia delante y una marcha atrás. Por supuesto que la palanca de cambios estaba ubicada en la columna de dirección. El embrague era monodisco seco de diafragma, con un diámetro de 235 milímetros.
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La suspensión delantera era independiente con resortes helicoidales de acción progresiva, más amortiguadores hidráulicos. En cambio la suspensión trasera era por eje rígido, otro clásico en este tipo de autos. La novedad con respecto al Ford Falcon era que utilizaba una sola hoja de elástico de acero especial llamada Uniflex. En un principio cuando este modelo ingresó al país en 1962 se desconfiaba de este tipo de elástico. Luego de los tests de varias revistas especializadas, se demostró, que era mejor que el utilizado por Ford. Mejoraba notablemente la tenida en ruta y evitaba los “coleos” del auto en las curvas a gran velocidad. El Chevitú puede demostrar lo que digo con sus carreras ganadas.

Vista de la suspensión trasera con la hoja Uniflex.

Los frenos eran de tambor en las cuatro ruedas con una superficie total de frenado de 851 centímetros cuadrados. Las ruedas eran 14 x 51 y calzaba neumáticos 6,50 x 14 de cuatro telas. El sistema eléctrico era de 12 volts con dínamo y una batería Delco, que fabricaba General Motors Argentina, de 62 Amperes por hora.

El largo del Super era de 4.637 milímetros, el ancho de 1.790 milímetros, la distancia entre ejes de 2.794 milímetros, la trocha delantera de 1.430 milímetros y la trasera de 1.417 milímetros. La altura del auto cargado era de 1.459 milímetros y el peso en el orden de marcha de 1.344 kilogramos.

Revista Automundo número 2 del 8 de abril de 1965

Un auto que vino a competir con el Ford Falcon y no hizo mal papel. Sin la dureza del Falcon, pero con un andar sereno en ruta y un consumo un poco más bajo, se ganó el corazón de muchos argentinos. Además su baúl tenía mayor capacidad que su rival. También fueron rivales en la lucha Ford-Chevrolet en las rutas argentinas, tanto como autos estándar en los Grandes Premios o equipando a las gloriosas cupecitas del TC (Turismo Carretera) que tantos halagos recibieron del público fierrero argentino.

Este fue otro de los grandes autos que hicieron historia en aquellos años ’60 donde la expansión de la industria argentina hizo sentir su presencia, tanto por cantidad como por calidad. Eran autos que no se rompían con facilidad y durables en el tiempo, algo que no suele ser frecuente en nuestros días del siglo 21. Todas las imágenes fueron tomadas de la revista Automundo número 2 del 8 de abril de 1965.

Mauricio Uldane