Lenguaje claro

sábado, 12 de marzo de 2016

Dragster Dodge Charger en King Size

Los dragster estadounidenses siempre me llamaron la atención cuando era chico. Esos monstruos con motores inmensos, que solo servían para una carrera corta. Una picada diríamos en Argentina. Ahora conocemos esas carreras como de cuarto de milla. Este Dodge Charger con el motor por fuera del capot es un exponente digno de esa categoría de automóviles.



Tal vez este Dodge Dragster sea el “autito de colección”, de mi infancia, más nuevo. Estimo que mis padres lo compraron en el año 1971. Ya que el modelo a escala es del año anterior. Se parece al automóvil de la serie televisiva “Dukes de Hazzard”. Aunque el auto de la serie era modelo 1969. El famoso General Lee.


Lo que sí es similar es el color naranja que era el color emblemático de los Dodge Charger en Estados Unidos. Eso me enteré ahora, de grande. Cuando era chico para mí era un color de fantasía. Siempre se aprende algo nuevo cada día que pasa. Lo interesante es estar atento a lo que vemos y escuchamos cada día que pasa.


Este Matchbox King Size es de la serie Superfast con sus llantas deportivas y sus ejes especialmente diseñados para correr. De hecho sigue conservando esa cualidad y además tiene suspensión. Lo que desentona es el gancho de remolque que no corresponde a la escala del Dodge Charger. Pero esto se repetía entre varios modelos de los Matchbox King Size.


Como la ambulancia Mercedes Benz, el Mercury Cougar y el patrullero Mercury Commuter, se abren las puertas de este Dodge Charger naranja. Notarán que el techo tiene una raya negra. Es de estar guardado en la caja original que tiene el fondo de ese color.


Como los demás King Size de mi infancia está en su caja original tal como vino de Gran Bretaña a Argentina. Mi padre siempre me recalcó que los cuidara y los guardara en sus respectivas cajas. Por eso se han mantenido en tan buen estado por más de 40 años.


Claro que jugué con este Dodge, pero lo cuidé. Aunque me parecía algo aparatoso ese motor sobresaliendo del capot. Me sigue pareciendo lo mismo con el correr de los años. Se que muchos fierreros mueren por un auto de estas características. Pero para mí son un poco excesivos.


Este Dodge Charger me recuerda un Javelin de la American Motors que en una vieja publicidad está al lado del modelo normal de calle. Publicidad que ya vimos en Archivo de autos. Claro que con los neumáticos más anchos y el motor que sobresale por la abertura del capot. Motores sobrealimentados y que necesitaban todo el baúl para cargar combustible.


Claro que cuando uno es chico estos autos concitaban toda nuestra atención porque imaginábamos el sonido de esos motores. Bramando y hasta sacando fuego por los caños de escape. Ni hablar del poder de aceleración, o que se quedaran parados en dos ruedas. Todo un espectáculo.

El Dodge Charger tiene algunas cachaduras en su carrocería, seguro que producto de mis juegos, y la mencionada mancha negra en el techo. Esto último culpa de la caja que destiñó su pintura a lo largo de los años.


Lo que no me imagino en este Dodge Charger naranja es tirando de un tráiler con una lancha o una casa rodante. Por eso para mí siempre fue extraño el gancho de remolque. No parece el auto ideal para arrastrar nada. No es que no pueda hacerlo, simplemente, a mi juicio, no me parece apropiado.

Recuerdo otro Dodge mucho más extremo pero en la escala más chica, la 1:64 de Matchbox, que si la memoria no me falla, también lo tengo. Era un modelo dragster como los reales con la carrocería de fibra de vidrio que se levantaba toda para poder ingresar al único asiento central.


Pero esa será otra etapa de la sección “Garaje Miniatura” cuando dejemos de ver los modelos de la serie King Size. Ya llegará, lo mismo que otros juguetes de la infancia que claro está serán autitos. Autitos con los que jugué e imaginé un mundo de fantasía, con calles, rutas o caminos.

La fantasía, pariente de la imaginación, no debe dejarnos como ese chico que llevamos en nuestros interiores. Porque si bien es eso, fantasía, y no realidad, nos sirve para imaginarnos situaciones no reales. Para jugar y descansar nuestras mentes de la vida cotidiana. A veces rutinaria en extremo. Juguemos un rato con los autitos de la infancia. Seguro que mal no nos vendrá.

Mauricio Uldane
Editor de Archivo de autos

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