Lenguaje claro

sábado, 11 de junio de 2016

Ferrari a cuerda

La historia que me une a este autito a cuerda es remota. Tendría unos 7 años cuando mi madre me tuvo que llevar al Hospital Ricardo Gutiérrez, o más conocido como Hospital de Niños, por un fuerte dolor de oído. Creo que junto con el de muelas se lleva el podio en materia de dolor. Al salir de la guardia del hospital me compró este Ferrari Fórmula 1 a cuerda.



Recuerdo claramente la librería-juguetería que estaba en la esquina de Paraguay y Agüero a una cuadra del Hospital de Niños de la ciudad de Buenos Aires. En esa vidriera estaba esperándome este autito a cuerda de la marca Grand-Prix de fabricación argentina.


También recuerdo las palabras de mi madre: “No será como los Matchbox pero es a cuerda”. Claro que no se podía comparar con los Matchbox King Size, pero se sumaba a los “autitos de colección” de mi infancia. ¡Además podía andar solo dándole cuerda!


Jugué bastante con este Fórmula 1. Se lo podía dejar con sus ruedas derechas o girarlas en ambos sentidos con un mecanismo mecánico de tornillo. Eso era fascinante para un chico de 7 años a mediados de la década del sesenta.


Las palabras de mi madre se referían a que era un juguete un poco tosco comparándolo con los importados en aquellos años. Pero a su favor tiene una construcción sólida. Incluso se puede desarmar sacando los dos tornillos que tiene en la parte de abajo.


Todo metal salvo las cuatro ruedas de goma y la punta de la trompa de plástico de color blanco. Se que se puede desarmar porque lo tuve que hacer durante esta semana. Se cortó la cuerda y por eso no pude hacer un video con el Grand-Prix andando en círculos.


Para ser sincero este autito a cuerda iba a tener su nota sabatina la semana pasada. Pero al querer darle cuerda, ésta se cortó. Así que adelanté la salida de la pista de chapa con sus dos autitos a cuerda que vimos el sábado pasado. Antes le había dado cuerda en dos o tres ocasiones sin problema, pero esta vez se rompió.


Lo desarmé para tratar de reparar la cuerda de acero. Pero se cortó a casi un cuarto, de su largo total, de su inserción en el eje cuadrado que sirve para colocar la llave que hace cargar la cuerda. En esa parte está tan acerada que no se puede doblar, se quiebra. La idea era repararla aunque estuviera más corta.


Ya encontraré una cuerda para volverlo a las pistas a mi autito de la infancia de color verde. Pero así y todo armé un pequeño video, con música y todo, para que puedan apreciar cómo giran las ruedas al accionar la ruedita dentada ubicada del lado derecho de la carrocería.


Es un juguete sencillo pero efectivo y logra su cometido: divertir a un niño. Al menos lo hacía hace 45 o 50 años atrás. Y era lo suficientemente sólido para soportar el trato, el mal trato, que uno le podía dar, siendo un chico de corta edad.


Ahora me queda en el haber poder reparar la cuerda cortada para que vuelva a funcionar y siga deleitándolos la vida. Y teniendo en cuenta que no necesita ni pilas, ni cables para poder caminar solito. Ya le llegará su reparación para que las nuevas generaciones sepan cómo jugábamos los chicos de los años sesenta.

El video lo pueden ver acá:



Mauricio Uldane
Editor de Archivo de autos

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